El “cerebro” de las plantas

Las “calabazas” de Castañar de Ibor

Al ser las plantas “estacionarias”, su forma de crecer debe de ser altamente regulada internamente para utilizar los recursos de sus alrededores de la forma más ventajosa posible.

Por ello, las plantas tienen un complejo sistema de hormonas que guían su crecimiento y maximizan su capacidad para aprovechar el medio ambiente. Una de tales hormonas (¿del cerebro?) se llama brasinoesteroides.

Gracias a ella se pueden encender o apagar más de 2.000 genes de las plantas, siendo, pues, crucial para su crecimiento: arquitectura del tallo, floración, etcétera.

Las plantas mutantes sin capacidad  de producir brasinoesteroides, tienen defectos a lo largo de su ciclo de vida, que incluyen enanismo, floración tardía y esterilidad.

Ahora, una nueva investigación ha identificado un eslabón perdido en la cadena de señalización de brasinoesteroides, llamado KlB1. Las plantas que carecen de él son insensibles a la presencia de brasinoesteroides, exhibiendo patrones de crecimiento anormales.

Leer el artículo completo en Phys.org.

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