Evidencia de Dios

 

Espero no volver a caer en la pretensión, como antaño hicieron otros, de intentar probar la existencia de Dios. (Estoy convencido que nunca existirá una prueba de ello como tal).

Ahora bien, caso distinto se presenta con la evidencia de Dios.

Claro está, eso requiere por mi parte indicar la pretendida distinción entre “prueba” y “evidencia”.

Escuetamente, la prueba es incuestionable e inapelable.

Por el contrario, la evidencia se toma o se deja. No necesita demostración (es patente, ostensible, indudable) para quien la acepta. La evidencia, pues, es personal, aunque no deberíamos calificarla de “subjetiva” (la acepción parece situarse en otra “onda”).

En resumen: Aunque no podemos hablar de “prueba de la existencia de Dios”, sí podemos referirnos a la “evidencia de Dios”. ¡Dios es evidente!

Ahora, me referiré a una cuestión trascendente que en el fondo entraña un gran error que incide negativamente sobre la “evidencia de Dios”.

Y tal error tiene su raíz principal en el antiguo mazdeísmo, la religión dualista con dos dioses antagónicos principales: el del bien, Ahura Mazda; y el del mal, Ahriman.

Y de tan remoto origen parte la idea general de la existencia de dos fuerzas antagónicas del universo de potenciales prácticamente similares.

Es hora, una vez por todas, de prescindir del maniqueísmo de tal dualismo: el universo presenta una belleza, una sintonía, unas precisas leyes que traslucen, mal que les pese a algunos, la mano de una superinteligencia, un “principio bueno” que ha llegado a conducir a la evolución (no sólo la biológica) a donde estamos… De un “principio malo”, ni siquiera por el llamado “ciego azar”, pudiera haberse alcanzado el maravilloso universo que cada día nos asombra más y más… ¡La sintonía fina entre las constantes físicas universales así lo indica!

¿Cómo puede alcanzarse tal sintonía?… Parecería que una “mano” gigantesca y trascendental hubiese “manipulado” el origen de todo en el prístino caos, teledirigiendo la “autopista” de la evolución universal hacia el futuro de una suprema consciencia holística. Tal suprema consciencia es la ¡evidencia de Dios!

La maldad no tiene la potencia del ser poseedor de la Suprema Consciencia (Dios)… Ni siquiera hay un único “agente” que la sustente: la maldad anida en diversos seres con potencias disimilares.

En realidad la maldad es un retroceso en el progreso evolutivo hacia la consciencia universal. Una señal de que esa maldad se bate continuamente en retirada ante el empuje inmenso del “dios bueno” es la flecha evolutiva hacia el futuro, que conduce inexorablemente hacia la holística consciencia universal, la criatura Suprema, con su evidente intercesión, en el remoto pasado, sobre el prístino caos, imponiendo las leyes físicas y de cualquier orden que respetando escrupulosamente el libre albedrío, modulan la deriva universal.

¡La evidencia de Dios!

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Un comentario

  1. El mazdeísmo sucedió hace cuántos milenios? Lo grandioso sería saber de dónde llegó Ahura Mazda. Sus alas son en si mismas una gran revelación. La Divinidad puede ser Sentida por nuestro propio ser cuando nos entregamos a la Oración con toda Fe y todo Amor. Y en ese instante, somos TODOS porque la Totalidad está contenida en la Naturaleza Divina. Cordiales saludos.

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