España en positivo

Un estado moderno, un propósito de modelo futuro…

Si España, en su día, asombró al mundo con su transición hacia la democracia, ¿por qué no puede volver a ser, ahora, una adelantada en su mejora?

¡Fuera ya de complejos que cercenan nuestros anhelos y aspiraciones!

¿Habrá que recordar, una vez más, como ejemplo, que la experiencia en el acoso a una banda terrorista, si no ciertamente del todo, nos ha vacunado o preparado para abordar la eliminación de tal lacra?

España debe ponerse al día, y en ese movimiento “pendular” pasar a encabezar la regeneración democrática, ya no del propio país, sino de toda Europa, y hasta a nivel aún más global.

El ejemplo de países a los que llamamos desarrollados y, aquí sí, con una experiencia democrática envidiable, nos debe catapultar a superarlos en dirección a una etapa más allá, más perfeccionada que corrija sus defectos, por otra parte inevitables en toda obra humana, y que se han ido haciendo cada vez más visibles, pero que precisan ya de una urgente y precisa corrección.

La excesiva burocracia de la UE es un ejemplo claro de que se necesita un “refinamiento” de sus estructuras.

No es cometido de alguien que se considera más amigo del progreso científico y su incidencia filosófica social, señalar metas u orientaciones políticas, pero sí, desde esta atalaya del pensamiento, establecer unos mínimos que en este terreno, tan importante para la vida social, deberían respetarse:

Uno, es preciso que por mucho que algunas opciones políticas puedan alcanzar el poder, no puedan acapararlo totalmente (los ejemplos del nazismo y estalinismo son evidentes). Siempre debe quedar abierta la “espita” que permita a las otras opciones ser alternativa de modo pacífico y puramente democrático.

Segundo, todas las opciones son válidas, siempre que no coarten de forma clara la libertad de los individuos u organizaciones.

Tercero, el sistema democrático actual (el que ostentan las naciones desarrolladas que todos conocemos) sigue siendo válido, aunque perfectible, siempre que los cambios no produzcan un retroceso en las libertades democráticas ya asentadas.

En fin, seamos positivos hacia el futuro; nuestro reciente pasado fue lo suficientemente frustrante, para no repetir errores… La Historia ya está escrita y no necesita adulteración al reescribirla.

Aportemos el gesto del ave fénix renaciendo de sus cenizas: ¡El futuro sí es nuestro!

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