Te di la vida, mi vida, tu libertad, mi cadena.


(Paternidad) “Yo te creé y tu nacimiento fue un desgarro en mí. Como una criatura en lo más incipiente de su vida, te fui amamantando: ¡Eras mi tesoro más preciado!… Tesoro que brilla hacia afuera, hacia mí, no hacia sí…

¿Era yo feliz al brindarle mi protección? Sí lo era, pues su brillo me alimentaba, pero no brillaba hacia sí…Tú debías sentir lo mismo que yo, brillar hacia ti mismo, sentir esa alegría… Por eso te creé, mi tesoro tenía que serlo también para sí,… sentirlo, ser protagonista… Ahora bien, eso requería algo especial, dar a luz otra cualidad: ¡la libertad!… Y para mí, la condena…, al pasar de la satisfacción de la dádiva de mi protección, a la inseguridad del nuevo ser, …y por eso mi eterna preocupación… Por eso te di la vida, como una parte de mi propia vida… Tu libertad, como la atadura (cadena) que desde entonces me une a ti. Una cierta amargura, como preocupación, me acompaña desde entonces…

¡Creé vida, pero la libertad sí es un duro peso!… Ahora bien, sin esa libertad tu vida no sería un tesoro para mí… Ahora tu vida sí es nuestro tesoro: ¡brilla para ti y para mí!

Además, y en añadidura, ¡cuánta alegría aparece en mi seno cuando tú eres feliz; yo también lo soy mucho más!… El dolor del peso de la libertad se hace más liviano…

¿Por qué te creé?… Ni siquiera yo lo sé…” (Amor)

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