La utopía del gobierno universal

Contra el excesivo “baño” de soberbia o sectarismo, y además como reflexión constructiva, sería conveniente que la aspiración humana al gobierno ideal (ya apuntada desde a antigüedad por el filósofo Platón) se circunscribiera a nuestro propio entorno (el humanismo), es decir, al que supone nuestro ámbito: un discreto planeta entre los miles de millones que pueblan el universo (porque en el universo global, sus criaturas algo tendrían que decir al respecto).

Y por cierto, ante los presagios de supuestos males relacionados con el hecho de la aparición de visitantes extraterrestres (más bien extrasolares o de fuera de nuestro sistema solar), yo creo, contracorriente, que estaríamos  ante un episodio positivo. Me explicaré.

Fuera de toda duda, ante la magnitud del universo conocido, sería poco menos que imposible, por muchas improbabilidades que añadiéramos a la ecuación de Drake, que no existieran otras civilizaciones, es decir, seres inteligentes viviendo en comunidad, en otros lugares del universo.

Si a eso añadimos la posibilidad de que puedan visitarnos, con lo que ello supone de avanzada tecnología para lograrlo, aparece ante nosotros la visión de sociedades de muy alto nivel cuyo adelanto técnico muy probablemente, yo diría que con seguridad, vendrá acompañado de de un notabilísimo desarrollo en otros aspectos de una criatura viva, que incluiría, entonces, una alta moralidad tanto entre sus componentes como en relación a otros seres que les acompañan en este extraordinario fenómeno al que llamamos vida… Su respeto hacia otras formas de vida estaría, indudablemente, en su decálogo de moralidad y comportamiento.

Puede hacérseme de inmediato la consabida objeción de que la historia nos enseña que el mayor poder de las sociedades o grupos humanos, ha conllevado en los choques culturales el dominio de una sociedad sobre otra (los ejemplos son innumerables: colonización blanca sobre los pueblos indígenas del oeste americano; impacto del descubrimiento de América sobre los habitantes originales de la misma, etcétera). Si acudimos a la ciencia ficción, dándole cierta verosimilitud, los episodios de Star Trek, y de la Guerra de las Galaxias estarían en la misma onda… Pero el llamado eje del mal o la fuerza oscura, no son más que prejuicios de una sociedad que aún hoy día sigue manteniendo en su seno la antigua idea religiosa mesopotámica del Bien y del Mal.

La nueva ola de respeto por la vida, de comunidad de vivientes, de empatía global por la naturaleza, etcétera, etcétera…, nos hace vislumbrar un panorama más acorde con un desarrollo espiritual y moral que esperaríamos encontrar en el contacto con otras sociedades muchísimo más desarrolladas.

La vida, quizás, podrá peligrar en nuestro pequeño planeta Tierra (amenaza atómica, impacto de asteroides, etcétera), pero la inmensidad de nuestra Gran Casa (el Universo) nos hace ser optimistas en cuanto a su prácticamente imposible desaparición, que resurgirá y de hecho ha resurgido en las inconmensurables matrices que siguen proporcionando suficientes requisitos para su mantenimiento y floración…

Nosotros como sociedad adulta, debemos colaborar en ello: ¡No hay nubarrones en el horizonte; éste se ha dilatado hasta niveles inconcebibles!

¡Estaríamos, entonces, más cerca de aquella utopía!

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