Nación “grande”, nación “pequeña”

Soy de una nación grande que aún querría fuera más grande…

¿De dónde viene la terquedad de construir una pequeña viviendo en una mucho más grande?

Los tiempos corren hacia la “conurbación”(*) de naciones cada vez más grandes… naciones más parecidas a continentes o subcontinentes (USA, UE, India, China, Brasil, Australia, etcétera)… Mas, en opinión de más de uno, existe una tendencia paralela a la búsqueda del “terruño”, persiguiendo la afirmación de la propia idiosincrasia, ante la sensación abrumadora de una globalización que causa terror…

Bien, así es la única manera de entender cómo individuos pertenecientes a una nación grande, pretenden autosepararse hacia una nación pequeña… Son las emociones las que más priman en estas decisiones que, fatalmente, en muchas ocasiones conducen al error racionalmente hablando…

Y no hablemos de justicia. La construcción de aquella gran nación, a fuerza de años, empeño y amor a unos ideales, la hicieron perdurar no menos de quinientos años… ¿Qué supone ello?… Un entrecruzamiento generacional, territorial, material que desde raíces tan hondas y divergentes como las culturas celta, ibera, tartésica, cartaginesa, romana, goda, islamista, cristiana, tantas y tantas que todo imperio de la antigüedad sentaría aquí sus reales, acuñó al fin una entidad única basada en los reinos peninsulares más poderosos del momento.

Los hijos de esa gran comunidad surcaron todos los mares del planeta, y hasta hicieron más grande el mundo al descubrir un nuevo continente… Y esa gesta no fue patrimonio de nadie en particular: todos y cada uno de sus hijos, ya fueran de una región u otra, viejo y joven, hombre, mujer y niños, todos contribuyeron a la misma… ¡No se plantearon otra cuestión que participar en todo ello, sin impedimento o discriminación alguna!… Y los siglos transcurrieron en ese empeño, que aunaba amor a su tradición secular, a la vez que a la gran nación en que vivían…

Como entidad única, como pueblo, como sociedad de todos, los recursos circulaban dentro de ella, buscando el mayor bien común del conjunto; las instalaciones industriales, comerciales y de toda índole se establecían en función de la eficacia, intentándose redistribuir los beneficios a las partes del conjunto menos desarrolladas… ¡Pero nunca se intentó priorizar estos establecimientos por territorios, comunidades o autonomías!

¡Qué hay de la justicia cuando la “pequeña” nación pasa por beneficiarse del esfuerzo y dedicación secular de tantos y tantos ciudadanos de la entidad completa (la nación “grande”)!

¡Yo amo a mi nación grande, igual que a mi pequeña y entrañable tierra!

(*) Término urbano que conscientemente amplifico.

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