La complejidad estructural de los primeros árboles de la Tierra

Las “calabazas” del Ibor

El xilema, los hilos responsables de conducir el agua desde las raíces de un árbol hasta sus ramas y hojas, forma un único cilindro al cual se agrega un nuevo anillo de crecimiento año tras año, justo debajo de la corteza en casi todos los árboles actuales, aunque en otros árboles como palmas, el xilema se forma en hebras incrustadas en tejidos más blandos en todo el tronco.

Pues bien, en arboles más antiguos, como el grupo conocido como cladoxlopsidos, el xilema era disperso en hebras externas del tronco del árbol de unos 5 cm, mientras que el medio del tronco estaba completamente vacío.

Los estrechos filamentos estaban dispuestos de manera organizada e interconectados entre sí como una red de tuberías de agua finamente sintonizadas. El desarrollo de estos filamentos permitió el crecimiento general del árbol. (Cada una de las cientos de hebras individuales tenían sus propios anillos, como una gran colección de mini árboles.)

Cada uno de los filamentos se dividían de forma curiosamente controlada y autorreparable para adaptarse al crecimiento.

Es lo que se desprende de los raros fósiles encontrados en el noroeste de China y que tienen 374 millones de años. O sea, los primeros árboles que crecían en la Tierra eran también los más complejos.

Este resultado se ha publicado en Proceedings (Academia Nacional de Ciencias).

Referencia del artículo en Phys.org.

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