La “huella” en el universo de cada vida

Voy a llamar la “bola del mundo” a una esfera cuyas coordenadas, al igual que el globo terráqueo con su latitud (norte- sur) y su longitud (este-oeste), aquí serían el tiempo, haciendo las veces de latitud, y el espacio de longitud. Esa “bola del mundo” sería enorme, pues su coordenada latitud-tiempo abarcaría el correspondiente a la duración del universo desde su aparición a su desaparición, y de igual forma, la coordenada longitud-espacio el de la expansión máxima de ese universo.

Cada punto de la superficie de la “bola del mundo” se caracterizaría por una latitud-tiempo determinado y una longitud-espacio también prefijado. O sea, un tiempo y una localización característica (igual que los puntos de la superficie terrestre). Pues bien, a cada punto asimilo un ente, suceso o acontecimiento; en particular y por propio interés, voy a asimilar cada punto “extensivo” (en el sentido que se expande en un cierto tiempo y espacio, es decir, un área) un ente vivo con su correspondiente “área vital” -un recorrido espacial y una duración propia-.

La superficie de la “bola del mundo” quedaría así recubierta de innumerables “áreas vitales”, tantas como hayan existido y existirán a lo largo de todo el universo desde que se creó hasta que desaparezca, áreas que, en muchos casos, se solaparán unas con otras.

La “bola del mundo”, pues, sería una representación de todos lo seres que vivieron, viven y vivirán hasta que el universo completo se destruya o desaparezca como tal.

Esta imagen de la vida global que de alguna forma tiene por matriz el universo, queda esquemática y claramente representada en tal “bola del mundo”. Los conceptos de pasado, presente y futuro quedan suscritos a la propia superficie de la bola”, y sólo tienen sentido para los diferentes “observadores”, que como criaturas temporales y extensivas, están situados en dicha superficie. La anterioridad, simultaneidad, posterioridad de las observaciones de cada uno de ellos como individuos, comparadas entre sí, están sujetas a la particularidad del tiempo y el espacio relativos einstenianos, pero de cualquier forma, seguirán quedando comprendidas en la propia superficie de la “bola del mundo” y a su tejido espacio-temporal.

Ahora, si adoptamos la “perspectiva” de una criatura o ente no espacio-temporal, por tanto, fuera de la “bola del mundo (*), simplemente tendríamos la plena realidad de la “bola” como tal: “una esfera encerrando todo el universo, todo su espacio y tiempo, incluidos todos sus entes y seres”.

¡Qué mas da que el ser esté en un punto más bajo o alto en su latitud -más viejo o más joven-, en el este o en el oeste!… Sólo son seres de esa “bola” que vemos… Desde esta perspectiva, todos parecen igual, con un área vital más o menos grande, pero en esencia todas pequeñas áreas de la “bola del mundo”… Cada ser ocupa un lugar, uno de los puntos o áreas de la “bola”… , un “lugar” identificado con él mismo, formando parte insustituible, única, de esa “bola del mundo”…

Cada ser tiene su “participación”, su “huella” en la misma: ¡su paso por el mundo está ahí, es su propia vida, construida por su actividad ejercida en el marco espacio- temporal que le tocó vivir, y que desenvolvió en cada uno de sus “presentes” activos! Los presentes son importantes, insustituibles, en el ámbito individual… En la globalidad, para la “bola del mundo”, esos presentes se difuminan en pasados y futuros que marcan la unicidad de vidas completas que en su conjunto son esa “bola del mundo”.

Los seres vivos lo son en cuanto componentes de esa “bola”, y dejan de serlo cuando saltan fuera de ese ámbito, del entorno espacio- temporal, cuando dejan de serlo como tales, es decir, a su óbito, en otras palabras, cuando su organización material como sistema vivo se descompone en unidades que no lo son.

Sólo conocemos, si bien parcial y de forma incompleta, el universo espacio- temporal en que vivimos; fuera de él no tenemos ninguna evidencia… La perspectiva de la criatura que observa la “bola del mundo” desde fuera, como acabo de proponer, nos es del todo desconocida… Las especulaciones nos llevarían al terreno de la fe, o de lo religioso que ahora mismo no quisiera abordar…

(*) La perspectiva de “fuera del espacio- tiempo del universo en que nos movemos”, es una posibilidad que realmente existe. Fijémonos, por ejemplo, en la interioridad de los agujeros negros que está fuera de nuestro espacio-tiempo. (Es otro espacio-tiempo, disjunto al nuestro).

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