Hacia el paradigma del “flujo ascendente”

Pura naturaleza

Ya metidos en el supuesto de la adopción del paradigma del “flujo ascendente” (no voy, ahora, a volver a especificar lo que es el “flujo descendente”), haré las siguientes consideraciones.

El “flujo ascendente” conlleva y justifica mejor que nunca la “conciencia medioambiental”, tan en boga actualmente, a la vez que tan tergiversada en la expresión de sus fundamentos… Aquí su justificación es clara.

La evolución de la vida, en trazos gruesos nos lleva al siguiente esquema: (consciencia-conciencia-¿- conciencia holística unitaria). El interrogante de la expresión anterior indica el nivel o niveles de conciencia (aquí la conciencia se toma como “excelencia” de la consciencia, o tal vez “consciencia de esa consciencia”) que deberían existir entre la conciencia humana y la aparición de la Criatura Suprema (conciencia holística unitaria), evidentemente, algo desconocido, de ahí el signo de interrogación.

La expresión está encerrada entre paréntesis, porque dentro de ellos figura el universo en que nos encontramos. Fuera de los mismos hay un origen que desconocemos (caos, Tao, etcétera), y un final, más allá del futuro o fuera de la propia escala del tiempo.

Aquí lo importante es el progreso evolutivo hacia niveles de consciencia cada vez mayores, en esa tendencia hacia la unificación. Tal sería el fin primordial, y ahí es donde debe inscribirse la actual “conciencia medioambiental”, pero no solo ella sino otros variados campos, entre los que figura la “ciencia global”… sí, también la ciencia… Y ello no quiere decir que ésta quede “encorsetada” ante tal supuesto… Todo lo contrario, su horizonte queda muy ampliado, eso sí, en clara dirección hacia un evolutivo progreso, marcándose claramente una apertura de la consciencia hacia su mayor grado: ¡La consciencia se abre paso, así, hacia su máxima expresión!

Y es que la historia del universo puede explicarse en realidad como la aparición, desarrollo y reinado de la consciencia.

Algunos opinarán que no se dice nada nuevo: ¡Es lo mismo que existe hoy!… Pero, en un análisis más riguroso, yo diría que estamos ante el viejo aforismo del vaso medio lleno y medio vacío… Los del vaso medio lleno afirmarán que “es lo mismo”… Los del vaso medio vacío que “es una interpretación errónea”.

Yo creo que el meollo de la cuestión es el enfoque que desemboca en un tema de prioridades, que resumidamente, en el primer caso (flujo ascendente) estamos ante “el progreso del nivel de consciencia”, y en el segundo (flujo descendente) “una tendencia hacia el igualitarismo humano”.

Claro que bien entendido, el primer planteamiento supone el segundo… Pero el segundo no el primero, pues se queda corto. Le falta al menos y como mínimo, el fundamento o dirección hacia qué construir, la brújula que, indefectiblemente, nos conduzca al éxito (la futura “conciencia holística unitaria”)… El segundo planteamiento nos hace dar pasos en falso, como un zigzageante camino con la posibilidad de vías muertas que hagan infructuosos nuestros esfuerzos…

Aunque en el nuevo paradigma queda desdibujada lo que hasta ahora llamamos moralidad (la del perenne concepto religioso del bien y del mal), aquí el bien sería “aplicarse” u obrar en el sentido de favorecer la implementación de niveles progresivos de conciencia en la naturaleza, y lo contrario el mal, mas, vuelvo a repetir, lo correcto sería hablar de “conveniencia o no conveniencia”… ¡olvidémonos del bien y del mal!

“Lo conveniente es lo afirmado, y nuestra salud, psicológicamente hablando, nos lo agradecerá, pues el camino queda perfectamente trazado, aplicado a cada una de las circunstancias”.

Lo mejor de cada ideología actual (religiosa, política, etcétera), existente dentro del gran flujo descendente, podría coincidir con el paradigma del flujo ascendente, pero éstas se verán superadas en su globalidad por el último, sobre todo en cuanto a los resultados pobres y poco satisfactorios de las mismas.

Y hasta aquí la nueva entrega de lo que a partir de ahora englobaré, dentro del apartado Filosofía, con el epígrafe “El flujo ascendente”.

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