Sobre la retroacción del tiempo: un fenómeno cuántico

Como Descartes (“Pienso luego existo”) podríamos decir que “el mundo es así porque vivimos nosotros en él”. Es una formulación del Principio Antrópico débil, pero, en contra de lo que opinan algunos científicos, posee una contundencia inobjetable.

Yo lo llamaría en realidad un “Principio de compatibilidad”. En otras palabras, hay que refinar las teorías matemáticas “autoconsistentes” que se pueden aplicar al universo, siguiendo el principio que dice que “las leyes físico-matemáticas deben ser compatibles, al menos, con la evidencia de la vida que conocemos (la nuestra)”.

En mi opinión, nos encontramos con las siguientes evidencias:

  1.  La vida inteligente y consciente existe.
  2.  Como consecuencia, consciencia y mente son una realidad en el mundo.
  3.   Existen verdades matemáticas autoconsistentes en el universo que describen muchos aspectos de la realidad física (al menos los que se han descubierto).
  4.   Las leyes físicas deben ser compatibles con las tres evidencias anteriores, por lo que las leyes matemáticas (autoconsistentes) aplicables al universo, base de las leyes físicas y que guardan un extraordinario paralelismo con algunas de las anteriores, deben cumplir el “Principio de compatibilidad”.
  5.   Este último principio debe también regir en las relaciones entre el mundo físico (material) y el de la consciencia y la mente.                                                                                                                                                                                                                        Se empieza a vislumbrar en algunos ámbitos de la teoría más en boga de la Física, la cuántica, que la causalidad podría verse violada en algunos supuestos. Para ser más precisos, sería el tiempo el que trastocaría, en ocasiones, la línea temporal pasado-futuro, es decir: el futuro influiría sobre el presente o sobre el pasado… Hay interpretaciones cuánticas que así lo predican, aunque con la importante salvedad de que correspondan a líneas de tiempo diferentes, o lo que es lo mismo: la “imposibilidad de variación o cambio del propio pasado” (*).                                                                                                                                                                                                              Opino que, si tenemos en cuenta esta “retroacción del tiempo”, podrían hacerse compatibles la interpretación cuántica del multiverso y la más clásica de Copenhague y probabilística de Born.

Pero para ello debemos cambiar la idea popular que tenemos de las partículas materiales, es decir, de nuestra realidad.

La computación cuántica nos hace evidente la influencia de cada estado cuántico en la dilucidación del camino a seguir, dentro de las opciones probabilísticas de cada uno en la resolución o decantación de un resultado. (No sería necesaria la secuenciación progresiva ensayo-error; podrían probarse paralelamente por retroacción temporal.)  Otra, igualmente clara, la depara la integral de caminos de Feynmann, construida sobre todos los estados cuánticos en igualdad de condiciones, según sus probabilidades (realidad de cada uno de ellos), así como la indiscutida realidad de la función de onda cuántica de Schrödinger.

Por cierto, solo la trayectoria definida por la integral de caminos de Feynmann (que coincide con la trayectoria clásica) es compatible con la vida conocida, por lo que no se originan paradojas y se cumple el “Principio de compatibilidad”.

Pero, todos los caminos son igualmente posibles y reales, mas, ¿en qué consiste esa realidad?

Para los defensores del multiverso, al asignar a cada estado una realidad estricta, me refiero con “estricta” la asignación de las mismas propiedades que adornan a un objeto “macroscópico” (masa, inercia, impenetrabilidad, etc.), se está situando a cada estado en un universo distinto, para que tal asignación sea posible (proliferación de universos “ad infinitum”), lo que va en contra de la económica visión que representa la, por otra parte bastante asentada en muchos campos, “navaja de  Occam”.

Por otro lado, en la teoría clásica -más antigua- de la cuántica (Copenhague-Born) los estados son más un artificio matemático, sin existencia ontológica física (no tendrían las propiedades ordinarias de la materia); solo la función de onda del conjunto, o función de Schrödinger poseería verdadera realidad.

Pues bien, opino que si “retocáramos” el concepto de “realidad física” en el mundo cuántico (que en realidad es todo el universo, pues el mundo es cuántico) podríamos conjugar ambas interpretaciones. Y lo digo por que, básicamente, la complementación de las cinco evidencias anteriormente citadas así lo aconseja.

Cada estado cuántico, que por cierto coexisten como “multiestado” en la “coherencia”, es tan real y compatible con la vida (mental, consciente, animal, humana, etc.) como los cuerpos macroscópicos a los que estamos acostumbrados, aunque estén adornados con lo que algunos llaman las “paradójicas” leyes cuánticas. Y en realidad no necesitan de otros mundos o universos para conservar las propiedades del “mundo macroscópico” clásico acostumbrado: el mundo cuántico y sus leyes les sobran para definir “su” realidad. Realidad que a todos los efectos prácticos está exenta de paradojas y es tan autoconsistente como las matemáticas que la definen.

Entonces, la referida teoría clásica cuántica (Copenhague-Born) se ve corregida en el sentido de la “realidad” que acabo de definir, adquiriendo esta nueva realidad ontológica.

Así, ambas interpretaciones de la mecánica cuántica quedarían unificadas bajo esta corrección o “ampliación” de la realidad.

De algún modo, la evidencia de la vida “constriñe” las matemáticas autoconsistentes a aplicar. La mente y la consciencia, también impondrán sus limitaciones.

(*) Apuntar que la “retroacción” del tiempo es el artificio necesario para que el pasado no se vea “trastocado” por el futuro, pues sólo se llegará a ese futuro -que es la realidad actual- si la línea de tiempo de ese pasado ha alcanzado nuestro futuro (sin bifurcaciones, en medio). La “retroacción” del tiempo es necesaria para explicar muchos experimentos cuánticos realizados recientemente que de otra forma serían imposible de explicar.

Sólo la cuántica nos da la visión verdadera de la realidad “compatible” con la vida, por encima de la causalidad y la línea temporal habitual.

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