“Física y consciencia”, por Alejandro Álvarez Silva

Tengo que advertir, ante cualquier otra consideración, que el contenido de este artículo expresa la opinión de su autor sin base en una oportuna revisión por pares o similar que pudiera comprometer el prestigio de quienes la efectuasen. Su contenido, pues, es especulativo en el sentido de estar basado en razonamientos y convencimientos propios, emitidos como propuesta teórica que, quien sabe, pudiera fructificar como nuevo camino en la investigación.

Sin más preámbulos, he aquí mi propuesta:

“El principio físico que subyace en la teoría del hiperespacio decadimensional (supercuerdas) es la Consciencia.”

Sí, la conexión entre lo objetivo (Física) y lo subjetivo (mente), esos cabos sueltos que “pululan” en nuestro universo y que no acaban de “encajar” en un cuerpo o sistema único, sí lo harían a través del “puente” que supone la intersubjetividad.

La matemática de los espacios curvos de Riemann, aplicada al principio físico establecido por Albert Einstein del “Principio de equivalencia” entre la masa gravitatoria y la masa inercial, construyó la magnífica Teoría General de la Relatividad.

Física y Matemática siempre han estado muy unidas. Para la resolución de un principio físico, los físicos pueden necesitar muchas ramas diferentes de las matemáticas, autoconsistentes en sí mismas, así, automáticamente y de modo práctico quedaron “unidas” muchas de estas ramas.

O sea, una ley no promulgada, pero que siempre se cumple es que las matemáticas aplicadas a la Física precisan de un principio físico que les den tal unicidad o cuerpo. Así sucede en el caso anterior relativista, y en todos los demás campos.

Solamente había uno cuya consistencia no se veía asegurada, al no poseer un principio físico subyacente. Me refiero a la teoría decadimensional del hiperespacio, o las matemáticas del mundo de las supercuerdas, como se dijo “las matemáticas del siglo XXI”, intuídas pero aún no desarrolladas, necesarias para explicar tal mundo. En otras palabras, falta ese principio físico que dé razón de las matemáticas que se aplican en la teoría decadimensional (supercuerdas) y que le den su cuerpo. En particular, partiendo de las innumerables soluciones a las ecuaciones de  la teoría, se necesita el principio físico que decante el mundo tetradimensional (3 dimensiones espaciales y 1 temporal) en el que vivimos, al que también podríamos llamar “principio de compatibilidad”.

Lo que acabo de decir puede expresarse, en orden ascendente:

Nuestro entorno tetradimensional ⇒ Principios físicos ⇒ Leyes matemáticas (autoconsistencia).

Y en orden descendente:

Leyes matemáticas autoconsistentes del hiperespacio ⇒ Teoría física decadimensional ⇒ Soluciones a la teoría anterior compatibles con el entorno tetradimensional o de la mente.

El principio físico que propongo equivale al referido “principio de compatibilidad”, que también podría identificarse como “la posibilidad de medida consciente extendida a todo el espectro temporal”.

En mi opinión, el “tamiz” de la consciencia establece las soluciones de la teoría decadimensional que se “decantan” o construyen nuestro entorno tetradimensional, actuando así como el principio “físico” que buscábamos.

Aquellas otras explicaciones que podrían aducirse como sustitutos de este principio físico, como la función de onda del universo sugerida por Hawking y otros, las estimo menos plausibles que la propuesta.

Desecho la profunda aversión que domina en amplias capas de físicos hacia el papel de la “consciencia” en la medición cuántica, por ende, a su papel constructivo en el hecho o acontecimiento. Alguna vez habrá que reconocer, como dije al principio del artículo, si no en el puro papel físico, sí en el científico (más amplio), la acción de la consciencia (campo mental) en todos los órdenes de la realidad… Para mí, rompiendo moldes y sin complejos, es tal su contribución, que elevo su papel hasta considerarla el verdadero principio “físico” que decanta nuestro entorno tetradimensional, desde la inmensidad de soluciones del hiperespacio de la teoría mecánicocuántica decadimensional.

Mi reflexión final:

“Escribimos con el pincel de la consciencia, en la pizarra del universo”. Lo escrito queda “grabado” en el mundo por los sucesos o acontecimientos de la realidad-historia. La matemática (con su autoconsistencia) marca las “posibilidades” que pueden hacerse reales, pero la consciencia (a través de la medida) es la única que tiene la capacidad de “hacerlas reales” en nuestro mundo.

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