Consciencia: el símil del agujero negro

Este artículo es, básicamente, la continuación o ampliación de los conceptos de “accesible” e “inaccesible”,  aportados en mi obra del mismo título.

Todos los fenómenos que rodean a lo que llamamos “consciencia” se ven enmarcados en el campo de lo “inaccesible” al estudio objetivo directo que representa la investigación científica como la conocemos. El resto, todo lo demás, sí pertenece a ese campo y por eso lo califiqué, en su día de lo “accesible”.

Esta separación es completa, pues ambos campos son totalmente disjuntos. Entonces, y es lo que ahora propongo, habrá que dar razón de tal separación.

Con tal motivo, acudo al que he llamado “símil del agujero negro”, tomando conceptos físicos que tienen que ver con tal rama de la Física.

Sabemos que el interior de un agujero negro está, en verdad, tan separado de nuestro entorno espaciotemporal, que representa en sí un nuevo universo, como si su existencia lo fuera en otras dimensiones, además de la circunstancia de que todo lo que entra en ese interior, al traspasar su horizonte de sucesos, desaparece de nuestro universo, pudiendo emitir tan sólo la llamada “radiación de Hawking”.

Pues, haciendo la salvedad de que estamos ante un objeto físico dotado de su correspondiente masa-energía, para nuestro símil aplicamos las ideas sustraídas del agujero negro a los conceptos de “inaccesible-conciencia” y “accesible-universo material”.

El interior del pseudoagujero negro sería lo inaccesible, y lo externo a él, y a todos los peudoagujeros negros en conjunto sería lo “accesible”, el entorno espaciotemporal donde vivimos.

El interior del pseudoagujero negro, cuyo borde o frontera es el horizonte de sucesos, como universo distinto es inaccesible a cualquier observador externo, como nosotros mismos o cualquier aparato de medida, es decir, al entorno o universo cotidiano que da soporte a los seres vivos; o sea, desde otro punto de vista, se comporta como si poseyera coordenadas físicas distintas a las nuestras (hiperespacio distinto).

Cada uno de esos pseudoagujeros negros constituiría la consciencia de un ser vivo, con la prístina propiedad, inalienable, de la sensación interna, tremendamente variable según la complejidad o desarrollo evolutivo de cada uno. Hay que hacer la salvedad, entonces, de que la simplicidad del agujero negro como objeto físico, contrasta con la tremenda variabilidad de la consciencia de los seres vivos (la composición interna de cada una de esas consciencias como emergencia de una cierta materia o cuerpo será motivo de otro artículo).

Tal consciencia de los pseudoagujeros negros, es la llamada subjetividad, principal cualidad del sujeto, sin embargo, el entorno que nos rodea es “objetivo”, quiero decir que tal sujeto, dotado de subjetividad, es capaz de construir un relato objetivo (igual para todos los sujetos) del entorno, de lo accesible.

Pues bien, esa objetividad tiene su base en el entorno objetivo o universo espaciotemporal que nos rodea… ¡Aún siendo el sujeto subjetivo, es capaz de construir un “mapa” del universo que coincide con el que construyen los demás sujetos!

En algunas ocasiones anteriores expresé la convicción de que la conciencia equivale, también, a una cierta “mirada por la ventana”, hacia el exterior… Esa “mirada” podríamos asimilarla a un despliegue hacia el exterior de un cierto tipo de campo (no material), que al reflejarse en los objetos externos nos da noticia de su existencia… Gracias a ello, el sujeto construye su “mapa” o representación del mundo… Cada consciencia-peudoagujero negro emite una onda única y precisa, que sólo ella es capaz de recibir por reflexión… Son los horizontes de sucesos como barreras, además de los objetos materiales ordinarios, los que reflejan tales ondas o emisiones, revelando su presencia en el mundo (su apariencia externa), pero no revelando nada de su interior, aunque sí su comportamiento a partir de su movimiento que se verá fielmente reflejado, permitiendo al entendimiento adivinar las leyes que rigen en el propio universo.

Así que la base de lo accesible-objetivo es el mundo real o universo físico que nos rodea. Pero la realidad, en contra de lo que se pensaba no hace mucho tiempo, no es única en el sentido de que también se compone de las funciones de onda cuántica que prescribe la formulación de Schrödinger, que no son sino el “envoltorio” de multiestados presentes con sus distintas probabilidades. Y son, precisamente, las consciencias quienes deben decantar tales probabilidades de los distintos estados en sucesos, acontecimientos o medidas, haciendo totalmente objetiva la realidad.

De esta forma, la objetividad del mundo coincide con la intersubjetividad proporcionada por los distintos sujetos-consciencias.

Parece como si la medida estableciera un “entrelazamiento cuántico” o nueva función de onda cuántica entre la consciencia del sujeto y el objeto (multiestados) al medir, y esa decantación (decoherencia) es transmitida a todas las consciencias- sujetos (intersubjetividad)… De esta forma se conserva la objetividad en el mundo (la medida es la misma para todos los sujetos).

El expresado modelo permite situar en un mismo sistema al sujeto (subjetividad), la consciencia, la intersubjetividad y la objetividad de nuestro mundo.

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