El velo de la cotidianidad

La cotidianidad equivaldría a las paredes de la alegoría de la cueva de Platón. Seguir sus designios supone ahondar mucho más en su  profundidad, en un camino hacia la pura animalidad: la luz es la inteligencia humana, la consciencia lúcida.

Lo cotidiano, lo ordinario enmascara un mundo asombroso que no deja de maravillar a cualquier inteligencia (lógica) a poco que presente un mínimo de objetividad (es decir, mantenga cierta independencia respecto a los verdaderos “actores”). Sin el “velo”, a veces bastante espeso, de lo cotidiano, se vislumbra un mundo casi mágico que encierra en sí una inteligencia sublime, sin acotaciones en sus límites.

Primero se acudió a la magia, seguida de la fe religiosa (dogmas), continuando con el adagio descartiano como inicio de la pura ciencia, y ahora, más recientemente, del descubrimiento de claves en el universo que adivinan un trasfondo de verdades autoconsistentes (formulaciones matemáticas) que nos conducen o dirigen hacia campos de consciencia ni siquiera adivinados, pero ya presentes que no dejan de asombrarnos.

No es que existieran dos campos resumen separados, materia y mente, que configuraban la totalidad… Es que el universo es único, donde se entrelazan continuamente dos fuerzas originales que lo configuran todo… Sí, causa asombro la magnífica “afinación” (ajuste fino) de las constantes universales que de lo aparentemente “borroso”, “construye” hasta el último detalle una “realidad”, que de forma unívoca siempre se decanta por el mismo resultado (objetividad perfecta de las leyes físicas)… Desde el fondo de lo más prístino se nos aparece el fenómeno vital, tan misterioso y a la vez tan potente y abrumador… Me asombra la pureza de los elementos matemáticos que, con verdadera sorpresa, se ciñen (van paralelos) a las leyes naturales y físicas que nos rigen… Y es que la abstracción adquiere caracteres sorprendentes, por extrapolación de esa realidad cotidiana evidente, hasta campos que trascienden la realidad vivida adentrándose en mundos imaginarios, con elementos que ya matematizados (unidades imaginarias, números complejos, etcétera) no parecen constituir nuestro mundo material…

Sí, “la imaginación al poder”, no solo como conductora de voluntades, sino como hecho cierto de la consciente inteligencia, de la lógica…

La “autoconsistencia” rige en el universo, dirige la lógica y sorprendentemente tiene su vigencia, más allá de lo más ordinario de nuestros comportamientos, en las leyes universales que en el fondo constituyen nuestra realidad.

Verdaderamente, como se dijo, “la realidad supera la ficción” (imaginación)… Se precisa mucha imaginación para acertar en el camino del desvelamiento de la realidad.

Ahora bien, la dirección opuesta del sometimiento a la evidencia ficticia de lo ordinario, conduce ineludiblemente a pasos atrás en la evolución, es decir, a la profundización en la cueva platónica, el antiguo origen de la animalidad.

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