Mis amigas plantas

El enigmático bosque

Añoranza de aquellos antiguos cuentos clásicos que nos acompañaron, también a otras generaciones, en los que se adivinaban ciertas constantes, y que no eran tan trasnochados como algunos pretenden, tildándolos de imágenes de una sociedad antigua y decadente, que otros tiñen con el sambenito de machistas… No es el caso, pues el tema que ahora me ocupa se refiere a otro tipo de constante: muy parecida a la del mágico bosque, en el que no sería extraño encontrar duendes, elfos o hadas, o bien criaturas más oscuras como faunos, sátiros, brujas o nigromantes… Siempre el bosque con sus lobos, caperucitas, enanos, etcétera… ¡No voy a llegar a tanto!… Lo que quiero subrayar es el encanto que en el fondo encerraba para nuestros espíritus aquel bosque…

En cierto sentido, la cultura celta fue en gran medida depositaria de estas tradiciones, al asignar ánimas a aquellas criaturas que habitaban sus bosques… Y no es la única cultura, por supuesto, que adornaba de magia tanto a seres vivos, como a las diferentes fuerzas o fenómenos de su naturaleza…

Me referiré no ya solo a lo que nos causa evidente asombro: el resurgir de la naturaleza en la primavera… ¡Se nos antoja una vuelta a la vida, un ave fénix renaciendo de sus cenizas!

Voy a algo menos evidente, pero no menos profundo… Lo mío es la “calma” del bosque, no tanto el revolotear de sus encantadoras aves en la alegría de su vivir, o el ramoneo de ciervos, jabalíes y las variadas criaturas de su hábitat animal… ¡Lo mío son las plantas, los árboles!

¡Qué magnífico espectáculo el del bosque en calma, en un día soleado y con agradable ambiente!… No es ya que mi espíritu aparezca calmado, que sí, sino el del conjunto, el del armónico paisaje que lo representa… Yo diría que existe entre el bosque y yo un lenguaje no verbal que transmite mutuamente esa calma: árbol-árbol entre sí, árbol-matas, flores, yo mismo y mis “amigas” plantas… ¿No se hablan entre sí esas plantas en su desconocido idioma?… ¿No es ese el “espíritu del bosque” que adivinaban nuestros cuentos?… Pues en ese “espíritu del bosque” participa mi espíritu…

Hay un aire mágico en todo ello… El bosque no adquiere los caracteres humanos que según nuestros temores y miedos aparecen en aquellos cuentos… El bosque tiene vida por sí, un ánima o “espíritu del bosque”… Las plantas son seres vivos, por eso se comunican, y si tu quieres puedes participar, aunque para ello debes acomodar tu espíritu a esa calma y armonía el entorno… Si el árbol, el bosque, está contento, yo también lo estoy… ¡Y me siento feliz con “mis amigas plantas”!

 

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