El mundo de la interioridad

(Heterodoxia por sistema: una fábrica de ideas)

Siguiendo el hilo del artículo de este Blog “Desde” y “en”: perspectivas inconexas, conviene aclarar el sentido del aspecto “metafísico” de la interioridad de la propia materia… La materia-energía está condicionada a “cumplir” con las leyes de la naturaleza desde sí misma, desde su interioridad… Así, el concepto de lo infinito no es óbice para el cumplimiento exacto, sin ningún tipo de matiz, de dichas leyes (físico-químicas)… Otra cosa sería si fuesen “fuerzas externas” quienes ejerciesen su influencia sobre ellas para su estricto cumplimiento, en cuyo caso el tiempo dominaría ese “acontecimiento”, cuyo límite sería la velocidad máxima relativista, c… No, las leyes se “acatan” de inmediato, siempre, por encima de todo tiempo y espacio, otra cosa es la propagación de las ondas gravitatorias o electromagnéticas.

Para eliminar todo efecto de infinitud, de lo inconmensurable de los números, la interioridad, o ese mundo de la interioridad (impulso “interior” del ser), es totalmente necesaria… Hay que dar carta de naturaleza, de existencia, a ese “mundo de la interioridad”.

Ahora bien, hay que compaginar, sí, esas leyes externas a los propios seres-objetos, con las procedentes de su interioridad… Pero, por lo dicho anteriormente, ese efecto de lo externo debe comportarse, igualmente, como un efecto interno (la dilución de lo infinito así lo precisa)… y ese efecto interno correspondería al ente-ser que constituye esa ley externa, como interna al ser-objeto (entorno que puede ser hasta universal), cual “cuerpo” donde se aplica o manifiesta. Por consiguiente, el mundo de la interioridad, así considerado, sería omnipresente en todo el cosmos, resolviendo el dilema de la exactitud portentosa de las leyes de la naturaleza desde el punto de vista metafísico, totalmente alejada de nuestras potencialidades como seres finitos, solo capaces de las aproximaciones sucesivas que aprecian nuestras medidas científicas, pero que, no obstante, nos sirven para formular las leyes físico-químicas sujetas al refinamiento continuo, cada vez más cercanas al ideal de verdad o certeza.

Nuevamente, el sujeto, lo subjetivo, la interioridad del ser, vuelve a abrirse paso entre los caminos futuros de la evolución.

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