El egoísmo del yo: la vigilia

(La democratización de los sueños)

La aparente inutilidad del dormir -pérdida de tiempo- no es más que el reflejo del egoísmo del “yo” que pretende prolongar su “reinado” más allá del período de vigilia, por cierto, un tiempo de férreo control del mismo que se caracteriza, obviamente, porque a la voluntad de de poder acompaña o debe acompañar la responsabilidad de sus actos (algo olvidado, muy a menudo, por aquellos que pretenden eximir su responsabilidad transformando mucha de su aparente vigilia en casi un período de sueño o insomnio -adictos a las drogas, inanidad en el vivir, etcétera-).

El sueño es un período altamente creativo (al menos para algunas mentes activas), en el que la “flojedad” de las cadenas del yo sobre otras ideas o pensamientos permite el afloramiento de los mismos: en esencia, una perfecta “democratización” en ese mundo, pues todos ellos poseen el mismo poder de expresión (fuera ya de la tremenda influencia del “ello o id” freudiano con su prominencia sexual)… ¡Ya procura la naturaleza que la aparente inactividad física en el sueño, no perturbe el despliegue de la actividad necesaria para la supervivencia (en la vigilia) del individuo!

Este artículo no soslaya la evidente complejidad del tema, campo abonado de neurocientíficos, psicólogos y los propios filósofos; solo quiero hacer hincapié en el maravilloso mundo que se abre al acceder al mundo de los sueños, horizonte del “dormir”, campo sustancial para la posesión de una vida  plena, para el apaciguamiento del espíritu, y necesario para la “complitud” del “hombre verdadero” (leer al respecto el artículo del mismo título en el Blog). Un estudio muy personal sobre la cuestión puede consultarse, también, en mi obra “Superego”.

Eso sí, estamos en el reino de la subjetividad, y como tal espero no suene a presunción comentar nis sensaciones en relación al tema.

En mi caso, ese tiempo “¿perdido?” del sueño, la duermevela, etcétera, sí son momentos buscados en los que suelo sentirme muy a gusto si, claro está, no acaeciera alguna pesadilla (que las hay) que los perturbara… Sigo diciendo, que en mi caso ese mundo que se abre ante mis ojos, justo cuando los cierro -sueño- es un mundo de oportunidades, de pruebas, de sensaciones no guiadas que me inspiran muchas de las hipótesis que a menudo pueblan mis escritos… ¡Y no cambiaría esos momentos por ningún otro…! Mi fantasía me lleva a imaginar -por supuesto, sin apoyatura de la razón- que en un futurible y ansiado viaje fuera de nuestra realidad cotidiana (véase nuestra palpable realidad), habitaré un mundo que se parecerá al que observo en mis sueños, que me es muy agradable y en el que me muevo a mis anchas, pues no hay temor, todo es amigable, ¿bueno?… Quizás mi sentido de la bondad tenga que ver con ese sentimiento…

¡Cómo, pues, podría afirmar que un tercio de mi vida, la de mis sueños, habrá sido un tiempo perdido!

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