El hombre: de la biología a la espiritualidad

(No una evolución cultural, sino un puente hacia la espiritualidad)

No es la primera vez que hago referencia a Nietzsche en mis escritos, clara muestra del alto papel que a mi juicio representa en la historia el genio del filósofo, mas no hace falta aclarar que el respeto intelectual que uno siente hacia algunas figuras no quiere decir, en modo alguno, la aceptación de todos los presupuestos vertidos en sus obras. Claro está, su balance es altamente positivo.

Pues bien, se ha dicho, yo también lo dije y lo sostengo, que a partir del hombre, como consecuencia evidente de su mente humana (valga la redundancia), la evolución biológica deja de poseer la prominencia que ha tenido en el ascenso o complejidad de la vida: los tiempos evolutivos biológicos son extraordinariamente largos para la actividad de una criatura que ha llegado a dominar el entorno terrestre y que necesita urgentemente de una contención o equilibrio en su desarrollo. Si no fuera así, la civilización humana estaría abocada a desaparecer en un plazo tan corto que aquellos “tiempos biológicos” se asemejarían a una eternidad. En otras palabras, la evolución cultural que sustituya a la biológica se antoja de lo más evidente.

Así que, tal evolución cultural supone, no ya una opción sino un hecho en el que cotidianamente vivimos. A partir de aquí quiero aportar no una reflexión, sino más allá de ella, un consejo: la asunción de la siguiente recomendación.

Si la meta fuera exclusivamente el hombre, la humanidad, esa evolución cultural colmaría todos nuestros afanes, mas (por eso hago referencia a Nietzsche) el hombre no es la meta: el hombre debe ser superado, hace falta una criatura bien parecida a la que nos describió Nietzsche en su obra “Así habló Zaratustra”: el Superhombre… Yo también creo que el hombre es el “puente” necesario entre la vida puramente biológica y una vida espiritual.

Está claro que el hombre es una criatura imperfecta: el mal parece anidar en muchas de sus colectividades, y la sensibilidad humanística “aborrece” de tales males… El hombre (el hombre “verdadero”) quiere limpiar su imagen… Bien es verdad que muchos de tales males se achacan a nuestra naturaleza animal, una más en la lucha por la supervivencia de las especies, es decir, un agente más en la evolución puramente biológica… Mas, ese otro polo de la sensibilidad humana (derechos humanos, respeto a las otras vidas que representan las otras especies, amor a la naturaleza, misericordia como virtud, etcétera) quisiera dejar de lado tal naturaleza, para entrar de lleno en aquel otro horizonte más espiritual del equilibrio entre todas las esferas de la vida, de Gaia, de la Arcadia feliz… ¿Pero, cómo?

La inteligencia humana no ha llegado aún a ese otro estadio; se necesita, pues, una evolución más allá de la (simple) cultural, que conduzca a la meta de lo espiritual: en lo posible, al acercamiento al antiguo y utópico mito del “cielo en la Tierra”.

El hombre como tal, por consiguiente, sería el “puente” necesario e imprescindible para alcanzar ese nivel de desarrollo espiritual, nueva meta en la evolución de la vida en el cosmos.

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