Dos “impulsos” universales de la naturaleza, no solo el material

(La necesidad de la introspección)

Hay dos fuerzas de la naturaleza básicas, más que fuerzas dos puntos de referencia o enfoques diametralmente opuestos.

Uno es el de las ciencias físico-matemáticas de las coordenadas universales en las que se inscribe el todo con la multitud de sus partes. Otro, aquel que viene reflejado en la inexistencia de un solo sistema de referencia, sino que cada referencia es cada uno de los objetos-seres, pues esa fuerza de la naturaleza actúa a partir del “interior” de cada uno de ellos, así que cada sistema de referencia es único y particular.

De los dos enfoques tan distintos provienen las características tan radicalmente distintas que se  encuentran en la naturaleza, en cada ser: el primer enfoque da como resultado el conjunto de leyes físico-matemáticas del mundo, en resumen: la materia-energía. El segundo origina o es el origen de las “qualitas” de cada ser: subjetivismo, sensación, acción, deseo, etcétera.

Este último “impulso” desde sí, esa radicalización del mundo desde el único “punto” de la radicalidad del ser, inexcusablemente conduce al movimiento de reflexión hacia el interior del mismo, como resultado del flujo que sobre el foco de la materia ejerce el impulso proveniente del interior del ser, una especie de “reacción” de aquella ante la “acción” de aquel… Se origina así una circunvalación, un remolino en forma de círculo centrado sobre el ser (ver la obra “El cierre del círculo” en este mismo Blog)… Así que el sistema de referencia particular del ser es el origen de las propiedades tan llamativamente distintas, que representa la “qualia” en la definición del ser.

Por consiguiente: No hay dos mundos o entidades distintas como suponía Descartes, la res cogitans y la res extensa, sino dos impulsos básicos de la naturaleza que ejercen su influjo sobre los componentes del mundo desde dos perspectivas distintas (ver al respecto el artículo de este Blog titulado “El mundo de la interioridad”).

No es un impulso de fuera o externo (material) el que conforma el ser (subjetividad-individualidad), sino que es el del interior el que puede “construir” el ser; quiere decirse, pues, que cualquier reunión de partes (materia), nunca y por principio, puede constituir el ser: es el “impulso” interior quien posee el potencial para construir el ser… y cada ser, sí puede interiormente contener cualesquiera partes de ese mundo material (cuerpo) que, además, internamente y de forma individual pueden constituir, a su vez, otros seres… La potencia de la vida, la “qualita” siempre proviene de ese polo de la naturaleza que llamamos “mundo de la interioridad”, ajena, por lo expuesto, a cualquier observación, estudio o medida desde el mundo estrictamente material (sujeción a las leyes generales físico-matemáticas)…

La asimilación, el cierre del círculo y la conciencia constituyen una trilogía virtuosa que permite la modificación de la naturaleza representada por el primer foco en dirección a la subjetividad; en otras palabras, hay un crecimiento por adición (inconsistencia), y por asimilación posterior (consistencia), en forma de saltos, debido a la reflexión del flujo del primer foco sobre el segundo (material). El papel de la conciencia para tal asimilación es crucial, cual la “decantación” de la realidad por el hecho de la medida en el mundo cuántico.

Así que, la ciencia como la conocemos no es el lugar apropiado para todo este estudio, es preciso un enfoque completamente distinto: la introspección.

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