Principios de la “unicidad” del yo

Principios:

  1. Toda sensación sólo aparece en el presente.
  2. Me reconozco a mi mismo, sin solución de continuidad, en este presente, identificándome como ese yo del pasado, vislumbrado en el presente.
  3. Por el principio 2, la “interferencia” del presente en el pasado -el reflejo del mismo en el presente- es una vía de doble sentido, totalmente real que no solo afecta a la “modificación” del recuerdo -grabación-, sino al cambio del mismo pasado, pues debe haber un paralelismo evidente entre hecho y recuerdo.
  4. De los puntos 2 y 3, existe una “retroacción” del futuro sobre el presente-pasado; eso quiere decir que el futuro puede y de hecho influye sobre el pasado de forma acausal -recuerda la retroacción del futuro sobre el pasado del mundo cuántico. Y esa relación acausal tiene que ver con “impresiones” o sensaciones provenientes del futuro.
  5. El punto 4, equivale a un reconocimiento de la verdadera naturaleza del ser íntimo -en contra de la  actual corriente del destierro de lo absoluto-, origen del subjetivismo, “algo” que se conserva a lo largo de toda la vida de la criatura (a semejanza del “elan vital” de Bergson).
  6. A través de ese vía de doble sentido, los “objetos” pasan a constituir, en cierta forma, parte de nuestra propia identidad.

En relación a los puntos 2, 4 y 5, he de decir que la hipótesis principal que sostengo es que las bases cuánticas de lo que llamo la “unicidad” del yo, están implícitas en todo este desarrollo, basándome en la circunstancia de que, desde el punto de vista del yo, de ese observador que no solo ve, sino que también siente, las diferencias, que pueden ser enormes en cuanto a la pura materialidad (interacción o actividad de los distintos subsistemas de neuronas que intervienen en la vigilia-sueño, y aún más, el diferente número o especialización de cada una), le son ajenas a la propia asunción de su naturaleza, pues puede reconocerse a sí mismo en las más variadas situaciones: ¡siempre siente que es él mismo el que participa en cada presente!… Esa aparente atemporalidad en la subjetividad del ser “yo” es lo que denomino la “unicidad” del yo.

Al movernos en el prácticamente desconocido mundo cuántico biológico, podemos aplicar al yo (al meollo de tal “unicidad”) las propiedades tan peculiares del mundo cuántico: entrelazamiento cuántico, multiplicidad de estados, retroacción del tiempo, etcétera.

Precisamente la “retroacción del tiempo” permitiría una vía de conexión entre el futuro y el presente-pasado… Claro está, debe conservarse en todo momento la “consistencia”, es decir, la ausencia de paradojas, que en el campo macroscópico, por ejemplo, supondría ir en contra de la lógica de la causa-efecto… Por consiguiente, las líneas de tiempo no pueden cruzarse, es decir, no existe la posibilidad de que un futuro “incida” sobre su propio pasado… Así que la única vía que se abre se circunscribe, por supuesto dentro de la no-localidad (tanto en espacio como en tiempo), a un tipo de campo a definir, más propicio a las ideas del psicólogo Jung: el tan alejado campo de la ciencia más estricta que constituye el mundo del sentimiento, la premonición, etcétera, en resumen, el mental, psicológico o de la conciencia.

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