La ley moral de tendencia a la “liviandad”

(Aligerando la “mochila”)

Este artículo hace referencia a los conceptos vertidos en un artículo anterior de este mismo Blog, “Tú y tu prójimo: ¡Aligera tu mochila!”. En especial, la “mochila” que todos llevamos sobre nuestras espaldas, y que procuraré definir a continuación. Para ello, inexcusablemente, hay que referirse al “faro” que debe conducir a toda criatura autocalificada como humana, al nivel espiritual o de dignidad que acompaña estrictamente al término. Ese “faro” se refiere a una futura potencia heredera de todos nosotros, y que parece arrastrarnos hacia un idealismo de plena justicia, ordenación del orbe y conservación del hecho vital, tal como expuse en el artículo anterior; se diría que nos conduce a aquella antigua utopía del “cielo en la Tierra”.

Pues bien, ¿qué es la “mochila?… A grosso modo, la mochila está compuesta por todo lo que impide que cada individuo, de forma real llegue a “confundirse con los demás (en su nivel humano)”, ¡tú y tu prójimo en comunión o identificación!… Evidentemente, esto es tan amplio que en cierto modo lo llena todo, un acaparamiento de toda la vida social… Algunos dirán que esto es como “no decir nada”… y, ciertamente, para estos quizás sea así, sin embargo, para otros lo es todo… Todo, si consideramos que la moral es lo más importante para la dignidad del hombre… No una moralidad entendida exclusivamente desde el ámbito religioso, sino ampliada a lo social y los principios.

La orientación que debe presidir nuestra vida define perfectamente el contenido de la mochila: comprende todo el comportamiento tanto social como individual que no posea tal orientación… Amplio panorama, tan enjundioso que lleva en sí tanto  políticas, como costumbres, culturas, idiosincrasias, etcétera, etcétera.

De tal enorme carga, cada individuo posee su propia carga alícuota: es lo que constituye su mochila.

Se podrá decir, entrando ya en el ámbito de la responsabilidad, que mucha masa de tal “mochila” individual no es achacable al mismo, que es ajena a él, que depende de fuerzas superiores donde el hombre no es más que un sujeto pasivo… Y no dejan de tener razón los que así lo afirman… Sí, desde luego, en cuanto a una responsabilidad, llamémosla “legal”, a la que está sometido dicho individuo… En esto, la justicia, el entramado político y social de cada sociedad, tiene toda la palabra, pues, no puede exigírsele responsabilidad a quien no tiene libertad de poder sortear aquello de lo que se le responsabiliza…

Yo me refiero a otra responsabilidad, la moral, la que te exige interiormente acomodar tu comportamiento a la orientación marcada por el “faro” anteriormente aludido.

Claro que hay una gama, claroscuros, que van de una responsabilidad directa, y completa en raras ocasiones, a una indirecta que en el límite supone una capacidad de influencia poco menos que nula, debido a diversas causas, entre otras, por ejemplo: sistemas políticos dictatoriales, falta de recursos materiales, lejanías tanto en el espacio como en el tiempo, etcétera… Y aquí no hay medias tintas, tenemos “toda” la responsabilidad moral, individualmente, de conducir nuestros comportamientos (reales, no fariseos) bajo el norte marcado por la brújula de aquel utópico destino en la divinidad…

Lo dicho: Tenemos la responsabilidad moral de tender hacia un adelgazamiento de nuestra mochila, de su liviandad: ¡Aligera tu mochila!

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