El universo: “ámbito natural de las consciencias”

En el universo se desarrollan y evolucionan las conciencias, se expresan éstas y es, a su vez, el reservorio de la rica red de interconexiones entre las mismas.

Sin embargo, la ciencia se ocupa muy marginalmente de ellas, pues su campo  se circunscribe a todo aquello que, directa o indirectamente, tiene que ver con las leyes físico-matemáticas.

El desarrollo de la ciencia experimental ha sido tan tremendo que casi ha eclipsado a otras ramas del saber clásico como la filosofía pura, el psicoanálisis, etcétera. Su paralelo desarrollo técnico, a diario nos asombra con logros que dirían mágicos nuestros antecesores (nanotecnología, realidad virtual, etcétera).

¿Son, por consiguiente, tales adelantos técnico-científicos los que no nos dejan ver más allá de sí mismos, ante su imparable progreso?… Creo que así es, sobre todo para aquellos a los que el quehacer diario, el afán por la conservación de su estatus, o la mera supervivencia, les impide preocuparse por otras cuestiones… No es mi caso.

Yo quiero mirar más allá de lo que se nos presenta en su inmediatez, precisamente porque tales cuestiones, cotidianamente soslayadas, son las que nos definen como criaturas racionales, pensantes, las que nos dan la dignidad que presuntamente poseemos, y que en los momentos finales de nuestra vida realmente importan.

Desde tal planteamiento, una profunda reflexión nos indica, con evidencia, que existe un mundo de qualitas donde permanece anclado el espíritu, y que es el ámbito natural de nuestra conciencia y las de nuestros semejantes… Y tal reflexión nos hace percibir la enorme amplitud de ese ámbito en el que conviven las conciencias que es, ni más ni menos, que el universo todo… Pero, si esto es así, ¿por qué aparece ese inmenso campo tan alejado de las preocupaciones de los así llamados científicos, del mundo de la ciencia?… Se me ocurren varias respuestas, entre las cuales no sería menor, la incompetencia de tales profesionales para encontrar la “piedra de toque” que pudiera abrirles el camino en tal dirección, y por consiguiente, es muy corriente y como reacción, ignorarlo o denostarlo… Otra, el descrédito que recae sobre aquel que no circule exactamente por los vericuetos que marca la sacrosanta ciencia. Como ejemplo al paso, los problemas de toda índole que recaen sobre el que osa afirmar el “avistamiento de un ovni”.

Sin dar más rodeos, y llegado a este punto, a continuación procederé a expresar mi convencimiento de que la totalidad del universo está concebido como el ámbito de expresión de las consciencias, su mundo, que se expresa sobre el objetivo enorme campo de la Física, de la materia-energía globalmente, que comprende tanto la clásica, como la relativista, o la más general de campos, mediadas micro o macroscópicamente por el mundo cuántico.

La cuántica, a través de la materialización o congelación de posibilidades en hechos o sucesos (elementos objetivos), permite a dichas conciencias su interacción o acción sobre el mundo de lo material o real. La ciencia experimental, pues, y de esta forma, puede darnos las pistas, la huellas de ese mundo invisible de las sombras que rodean a todo lo que en sí representa lo que nos hace más humanos.

Y si la cuántica no es la llave de tal mediación, ¿qué otra plausible fuente lo sería?

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