Paradigma necesario: “La Ciencia controlada”

“Del mundo de los especialistas al de la prioridad de las conciencias”.

Necesario para eliminar dos grandes peligros que se ciernen sobre el hombre actual: “La angustia” y “el predominio de la máquina” (el robot).

Creo que la angustia acucia al hombre, básicamente, desde los tiempos modernos, claramente dibujada en el existencialismo y sus posteriores “ismos”, y se agrava por momentos en la actualidad (la plaga de recientes suicidios del mundo occidental, ¿tendrá esta causa?).

Sí, hay un temor en el homínido ya desde la misma prehistoria ante el entorno que le rodeaba en su lucha por sobrevivir, frente a otros animales salvajes que competían con él (una simple exigencia de la evolución). Pero este temor, a veces concreto pero las más de las veces soterrado, como difuso, ante el nuevo entorno actual, también acompaña al hombre de hoy. Mas, por la trascendencia que veo en ello, me interesa resaltar algo al respecto.

Adivino que en aquel hombre de la antigüedad, tal temor pudo quedar, en cierta manera, oculto al ser disfrazado mediante un curioso mecanismo… El hombre llegó a fabricarse una “identidad”, su propia individualidad como ser humano mediante un “acto de reflexión” que consistía en imaginarse una criatura superior a la que llamó dios (o dioses que para el caso representaban lo mismo), a la que acudió buscando su insinuada protección al adornarla de unos inmensos poderes que revertirían sobre sí mismo, al poder “salvarle” del entorno hostil, gracias a la comunión con él. Así, ese dios ideal (aunque muy real para ese hombre), en su reflexión sobre el propio hombre, procuraba a éste la identidad, la dignidad, en fin, el refugio que iba buscando…

El hombre creaba (indirectamente) a su dios, buscando su propia identificación, su propia esencia… ¡Ello al menos le reconfortaba, eliminánose, así, la posteriormente identificada angustia del hombre moderno!

Pero,¿qué ocurre hoy día?… Pues resulta que la propia Ciencia/Técnica nos indica claramente que no existe (al menos como la creíamos) tal criatura superior, adornada de aquellos poderes que incidían directamente en el hombre. El resultado: ¡la orfandad del mismo se hacia ostensible, lo que equivalía a algo así como “la muerte de dios”!

Es decir, aquella “reflexión” que se iniciaba en el hombre al crear a dios, y volviendo desde el mismo hacia el propio hombre, creándose en la práctica la “naturaleza” de ese hombre, su identidad, su individualidad, se ha difuminado en el transcurrir de los tiempos… Pero el hombre sigue necesitando el afianzamiento de su naturaleza, su yo, imposible de asentar ya sobre una reflexión que le trae incertidumbre, disgregación (desde esa Ciencia/Técnica), por lo que tal vía ha quedado inservible, diría más, trae consigo un aire nada positivo que aconseja eliminarla… El hombre necesita, pues, cortar de raíz tal vía de inestabilidad, tan perjudicial para su propio yo… Ahora, tal mecanismo de reflexión, el feedback que trae consigo, se adivina muy perjudicial… Hay que buscar otro camino, que no es ni más ni menos que el que nace en la propia naturaleza humana, en esa que anida en su interior, el sí mismo del que tanto hablaron los antiguos filósofos… Desde el sí mismo de su interioridad, ahora, el hombre debe irradiar hacia el exterior, hacia la naturaleza, así que si existen tales criaturas superiores son ellas las que deben manifestarse sin el patrocinio del ser humano, sin esa idealización humana que los construía…

De forma que aquello a lo que más se asemeja a ese sí mismo, la conciencia, debe poseer prioridad absoluta sobre el entorno, sobre el mundo, y esto también incumbe a una componente esencial del hombre moderno, la Ciencia, o mejor, englobándolo todo, la máquina y en particular los robots.

Pero, ¿cómo anular la retroacción de la Ciencia/Técnica sobre el individuo?… Pues, precisamente, haciendo un cambio radical en ella para poder dominarla nosotros, sin que ella, a su vez, nos domine…

Ahora, el más aventajado  científico (no digamos los demás) se ve, ciertamente , angustiado, si no al menos preocupado ante la “sensación” de no poder controlar, o mejor, moverse en esos otros ámbitos de la ciencia que no son su especialidad: ¡es un temor soterrado, difuso que nos invade ya no solo al especialista, sino a todos y que parece el preludio de una tiranía de la máquina sobre nuestro propio ser, sobre nuestra naturaleza!… Se refleja en una cierta angustia que nos acompaña y que sería muy sano eliminar de nuestro entorno, para el libre despliegue de nuestras conciencias (verdadera naturaleza del hombre), el desarrollo de todo su potencial, lo que precisa el marcaje prioritario sobre la inteligencia mecánica del robot.

Lo que verdaderamente distancia al hombre corriente del científico, del especialista, es la ausencia de unos contactos “válidos” entre ellos, de un fácil entendimiento, pues en la práctica supone la existencia de una barrera de incomprensión, cual si hablasen idiomas distintos… Al hombre corriente se le escapa el lenguaje matemático o altamente especializado  de la Ciencia… La solución: el desarrollo de las interfaces necesarias (que serán muy numerosas) para una conexión altamente comunicativa entre los diferentes grupos humanos con niveles culturales, técnicos, etcétera, distintos, que componen la sociedad.

El científico, con carácter obligatorio, debe dedicar parte de sus esfuerzos, que no serán pocos, a la elaboración de las interfaces necesarias para que su trabajo pueda ser fácilmente accesible (adiós al espionaje industrial, a la patente y a la protección industrial: ¡una revolución total en la industria!) al común del ciudadano. De igual forma, el “Sistema” debe tener la capacidad necesaria para que ese individuo “corriente” pueda aportar su trabajo, de forma útil, a todas las demás conciencias: ¡otra conciencia conectada, otra conciencia expresada! De esa modo, las conciencias lograrán la “prioridad” sobre la máquina, los robots: ¡conciencias libres, desterrada ya la angustia!

La enorme red de interfaces permitirá, entonces, al especialista no verse encadenado, exclusivamente, al ámbito que domina, siéndole accesibles los demás sectores, aquella antigua aspiración del Renacimiento, quedando así anulado de raíz el temor al dominio del robot y la IA, el confesado temor del físico Stephen Hawking antes de morir.

¡Un mundo de conciencias libres, abierto a la expansión del espíritu!

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