¡Pena, qué pena…!

“La perspectiva temporal del mal”.

¿El porqué del título?

Simplemente es una llamada de atención ante algo que, al menos a mí, me acongoja el corazón al contemplar el enorme mal que nos rodea y que parece aumentar por momentos, aunque esta apreciación me es imposible evaluar, porque ¿cómo se mide el mal?

Me gustaría que globalmente el mal fuese en descenso, mas soy incapaz de medirlo…

Sin embargo, quiero hacer unas consideraciones de orden un tanto metafísico acerca de tal cuestión.

Puse “pena” porque más que en la alegría, en la pena acaece en nuestros pensamientos reflexiones más profundas… Yo así lo veo… Y ellas me pueden aconsejar sobre el mal.

Nos olvidamos, al tocar el tema, que somos seres temporales, al igual que todo lo que nos rodea… por lo que en la “especulación” debemos tener ello muy en cuenta… máxime al adentrarnos en cuestiones metafísicas (el infinito, la eternidad, dios, etcétera).

Y es que se me ocurre que el mal como concepto abstracto, desde tal perspectiva, situado a la par que dios, la eternidad, la omnipotencia, etcétera, pasa a ser metafísico, pero no así en cuanto a la evolución humana donde, necesariamente, debe tener límites, ser transitorio y estar acotado…

Creo que nuestra verdadera misión en esta tierra que nos ha tocado vivir, es la erradicación del mal… posible por estar limitado, como acabo de decir… y esa acotación debemos hacer que vaya en disminución… Es una obligación moral que nos dotará de una dignidad acorde con la misión… La labor de Dios (ahora sí con mayúscula) se centró prioritariamente en darnos el marco (leyes, ¿principio en el Caos?, etcétera) que hizo posible la evolución y el ascenso de la consciencia, hasta la conciencia humana (quizás más allá en otros mundos o en el futuro)… Ahora somos nosotros voluntariamente -como seres con conciencia- los que debemos “desplegar” el mensaje divino para “erradicar el mal”. Nuestra pequeña aportación actual no es óbice para que en el futuro nuestros descendientes se hagan merecedores de tal honor: ¡es una puerta abierta hacia el futuro que, ahora sí, es una senda hacia el infinito, la eternidad, el Ser divino!

A favor y como apoyatura:

¿Por qué la conciencia humana posee la sensibilidad, la empatía hacia los demás, hacia el mundo, hacia las criaturas vivas?… ¡Vaya gasto evolutivo innecesario si no fuera para inclinarnos a moderar, y en el futuro erradicar todo ese mal que percibimos!

¡La benevolencia y la misericordia deben tender a transformarse en amor!

Y es que ¡la “pena” en el corazón me incita a apartar y desterrar el mal! ¡Somos el brazo de la acción divina de la erradicación del mal en el cosmos que se cumplimentará en los límites del tiempo, el infinito eterno!

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