El temor al error en Ciencia lastra un tanto su propio desarrollo

Es indudable el salto cualitativo que ha representado la Ciencia/Técnica en el conocimiento humano. Y no es ajeno a ello, precisamente por el aval del experimento, el abandono de prácticas basadas en mitos y creencias, más propias de la magia que de una actitud científica.

Por eso no dejo de congratularme de tal hecho que ha supuesto, evidentemente, el desarrollo de adelantos en todos los órdenes favorables del devenir humano. Mas, es hora de hacer un cierto alto en el camino, y me explicaré, pues, ¡no todo ha sido positivo! Aparte de la crítica que pudiera venir desde el punto de vista del subsiguiente abandono de unos valores que en conjunto sí fueron positivos para el mejor gobierno de la sociedad, y de la satisfacción personal del individuo, existe otra cuestión que, en estos momentos y en mi opinión, sí lastra en cierta medida el desarrollo de la Ciencia, desposeyéndola de conocimientos más profundos u ontológicamente más fiables.

Superada la fase de abandono de la mitología rayana en la magia, toca vivir una nueva época que, contrariamente a la opinión de ciertos agoreros, casualmente cercanos a la Ciencia, supondrá un considerable avance de la misma, al adentrarse en terrenos actualmente vedados, seguramente ante el temor de la desacreditación que hasta hoy ello suponía a los que intentaban abordarlos, pero hoy tal precaución aparece un tanto injustificada.

Y es que, ¿por qué no debe el investigador abrirse a ese mundo de cualidades innatas de la vida que supone la conciencia, la propia voluntad, la interioridad, etcétera?

La magia sólo rige ya en series televisivas o en la literatura fantástica, que ni siquiera llegan a constituir terreno de la ciencia ficción… ¡Es hora de que la Ciencia se ocupe, también, de esas cuestiones que representan la intimidad del ser humano, y de la propia vida animal, y que no son ficción, ni creencia, ni magia, sino una realidad perentoria que forma parte del acervo cultural humano, haciéndonos ser lo que somos!

No hace falta recordar el avance que supuso para la ciencia de la Etología las observaciones de Von Frish, Tinbergen, y Lorenz entre otros muchos… Simplemente se dedicaron a observar y relacionar los hechos, sin hacer ninguna suposición teórica que ensombreciera sus descubrimientos… Propongo algo similar: ¡hechos que no suposiciones, creencias o teorías!

Desde los hechos aparecerá el fenómeno vital, ¡el hombre integral en toda su plenitud!

Así, sugiero para empezar, profundizar mucho más en lo referente a la “mente” animal. Carl Safina en su obra “Mentes maravillosas” (Lo que piensan y sienten los animales), nos dice:  “Solo los humanos tienen mente humana. Pero creer que sólo los humanos tienen mente es como creer que, como sólo los humanos tienen esqueleto humano, sólo los humanos tienen esqueleto.”

Es hora de dejar a un lado las trabas y “palos en la rueda” que lastran la creatividad de científicos y pensadores, y que provienen de autoridades académicas o científicos ya muy consolidados, al rechazar la difusión de cualquier opción no ortodoxa, pues ello supone coartar el aire renovador y expansivo que requieren las ideas más imaginativas.. El tiempo de las pseudociencias, la magia y las creencias ya ha quedado concernido a su propio terreno, el que deben ocupar, y que en absoluto puede amenazar a las ideas creadoras.

Lo dicho: ¡La Ciencia debe expandirse, también, hacia áreas anteriormente vedadas!

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