Las motivaciones de un genio (I)

“Una intuición paralela a la esencia de la naturaleza”.

El genio obtiene sus descubrimientos partiendo de una formidable confianza en sí mismo, apoyándose en una intuición tan profunda que le acerca a la propia “esencia” de la naturaleza.

El caso de Albert Einstein es prototipo de esta afirmación. Quiero decir que su inteligencia científica está fuera de toda discusión, pero aparte de ello se requiere una valentía intelectual fuera de lo común para trasladar unos resultados puramente matemáticos a conceptos físicos palpables. Las fórmulas admitían tales posibles interpretaciones, pero dar el “salto” a asignarlas un sentido físico tan profundo no deja de causar asombro. Sí, es asombroso cómo desde el simple principio de establecer una velocidad finita y límite a la luz en el vacío, c,  y su interpretación del experimento de Michelson-Morley, establece la relatividad del tiempo respecto al espacio (fin del tiempo absoluto) y el cambio extraordinario de paradigma. Toda la física de Newton se viene abajo con la propia trastocación de los conceptos de espacio y tiempo y lo que es más, de la propia masa, emparejada desde entonces con la energía (E= mc²). Tal representó la Relatividad especial, y con ello Einstein pasó a ser el físico más reconocido de su época y yo diría hasta el presente.

La intuición del genio para arrancar secretos a la naturaleza, en su caso está ampliamente corroborada. Y ello significa, a mi modo de ver, además, la existencia de una especie de paralelismo entre las teoría físicas que el hombre va desarrollando a lo largo de la historia y la propia naturaleza. La mecánica de Newton supuso en su tiempo una verdadera revolución en la Ciencia que perduró durante siglos… y en verdad, reflejaba el comportamiento de la materia comprobable con los instrumentos de su época… Vino Einstein, cambió los conceptos, pero la antigua Ley se conservó en primera aproximación: ¡era la imagen científica que mejor reflejaba en su tiempo el mundo! ¡Un paralelismo entre los conceptos vertidos por el entendimiento humano y la naturaleza, antes, y ahora corroborado en la nueva imagen debida a Einstein!

Mas, me referiré al meritorio y extraordinario trabajo de Albert Einstein en la Física, reconocido y no precisamente por su Teoría de la Relatividad, con el Premio Nobel en 1921 por la ley del efecto fotoeléctrico.

Pues bien, en próximos artículos intentaré expresar la odisea científica que supuso el esfuerzo continuado del genio en su búsqueda de la teoría de la Relatividad General que felizmente concluyó. Deslumbra el resultado tan extraordinario, obtenido de forma puramente teórica, sobre el comportamiento de la materia bajo el influjo de la gravitación. Es un ejemplo sublime del poder de la intuición y el entendimiento de la mente humana, ¡claro! que no de cualquier mente, sino la de un genio difícilmente igualable.

¡Hasta entonces!

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