Principios democráticos y poder (I)

“¿Cómo desalojar a un dictador?”

Hay un hecho indiscutible y nuevo en la historia:

“Por primera vez, la tecnología, tan formidable en la actualidad, sí o sí, debe dejarse a un lado en las disputas serias entre grupos, sociedades o países, si no queremos que la humanidad en su conjunto se autodestruya”.

Podemos repasar los hechos históricos antiguos y también los más recientes para advertirlo, y actuar en consecuencia con la premisa del aserto anterior.

Las nuevas tecnologías aplicadas continuamente a la guerra, antaño no tuvieron la potencialidad suficiente para poder aniquilar a la sociedad mundial. Así, ni en la caída del Imperio Romano de Occidente que si no se debió exactamente a la tecnología, sí actuaron otras causas como la decadencia interna, el desgaste del poder o las nuevas tácticas de combate aplicadas por pueblos germánicos, de las estepas asiáticas, etcétera, ni, como ejemplo más cercano y paradigmático, en la II Guerra Mundial, con la caída del III Reich y el Imperio japonés… Sí, se aplicaron nuevos adelantos tecnológicos como el radar, cohetes como la V1 o la V2, y el incremento exponencial de destrucción que supuso la bomba atómica… Se inició una nueva era, la nuclear, mas era sólo el principio: “un salto hacia adelante sin vuelta atrás, en el que ya no se juega un cambio de poderes, de hegemonía, sino la propia existencia del género humano”.

Y es que la última guerra mundial nos informó acerca del gran “iceberg” que se nos venía encima, y del que sólo vimos la escasa parte del mismo que se mantenía a flote. El problema hoy es que no podemos llegar, de ningún modo, a los extremos que propiciaron su advenimiento.

La política de hechos consumados que vimos por parte de Adolf Hitler, no puede tener lugar hoy. Su peligrosidad para el mundo es evidente: ¡Que tomen nota alguno de los dirigentes actuales, que alarmantemente parecen adoptar esa misma política exterior!

Pues bien, abordemos ahora el tema principal del presente artículo: “Los principios democráticos y el poder”.

No asombra ya la aseveración de que el “progreso” en el desarrollo democrático encierra en sí la propia debilidad del sistema… Y si puede albergarse alguna duda al respecto de puertas para adentro, está claro que sí lo es en relación al exterior de la nación.

Y es que en un mundo en globalización, lo interno y lo externo están tan íntimamente relacionados o imbricados, que cualquier alteración de orden local, posee la potencialidad de poder transmitirse al resto… Redes sociales, Internet, los medios audiovisuales en conjunto tienen mucho que ver.

Ya son clásicos los ejemplos de cómo partiendo de la democracia (caso del nacionalsocialismo) puede asentarse una dictadura; la revolución bolchevique o la cubana se alejan un tanto de ello, pero en el régimen bolivariano está más claro.

Los principios democráticos, tan admirables por un lado, por otro llevan consigo un gran debilidad interna, y “los virus que les acechan saben muy bien su vía de entrada”…

Es hora de olvidar los utópicos principios de igualdad universal y otros (un sin fin de derechos promulgados a bombo y platillo y raramente asentados y menos cumplidos), y analizar en profundidad tales debilidades… ¡La defensa de la especie, el género humano (y no soy catastrofista) lo hace necesario!

Y debemos hacerlo con prontitud, con inmediatez, desde lo más básico: ¡hacer pensable (visible) lo más inmediato!

Lo siguiente, que acompaña a lo anterior, y de rabiosa actualidad: ¿Cómo desalojar del poder a un dictador?

El problema de siempre, se partan de bases democráticas o revolucionarias, una vez alcanzado el poder, es la desvirtuación democrática que conduce irremisiblemente a la dictadura, y que consiste en la negación casi absoluta de la posibilidad de la alternancia política, lo que no presenta por contra, dificultad en las llamadas democracias consolidadas o desarrolladas. En aquellos casos la democracia deja de ser tal.

En mi opinión, el defecto podría solventarse, no sin dificultad por cierto, pero por necesidad perentoria ineludible en la situación actual, aplicando la siguiente regla:

“Toda concentración de poder debe ir a la par de su control… Y lo preferente es lo segundo… El control debe poder “frenar” siempre y efectivamente (ir por delante) a la concentración de poder.”

El tema es amplio, por lo que seguiré desarrollándolo en siguientes partes del artículo.

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