Principios democráticos y poder (II)

Está claro que la democracia constituye la más alta representación de la gobernanza mundial. Los países que la poseen son los que alcanzan el mayor nivel económico y de libertades civiles. Los hechos lo corroboran.

Si esto es así, el bloque de países donde la democracia tiene su sede no debe retrotraerse, sino por el contrario, conservarse y si es posible (por medios lícitos) expandirse.

No quisiera aquí hacer hincapié más que lo preciso en el fracaso de la llamada operación “primavera árabe” (la inestabilidad de Irak y Libia, por ejemplo, nos lo recuerda)… Esperemos que se quede en anécdota, sin quitar relevancia al hecho.

Pues bien, si el sistema democrático en conjunto es positivo, debemos preservarlo… Por ello es lícito que cada uno de los países pertenecientes a ese bloque, adopte las medidas oportunas en este sentido.

En la parte (I) de este artículo ya expresé la convicción de que el sistema democrático internamente tiene sus debilidades, y sus enemigos, imitando el símil de “caballos de Troya”, pretenden aprovechar tales debilidades. Ésto en referencia al enemigo interno, pero no es menos cierto que existen innumerables países cuyo sistema político para nada es democrático, y encima, en algunos casos, pretenden extender su régimen, su dominio sobre otros, en menoscabo, precisamente, del bloque democrático… Es de justicia comentar que alguno de los países componentes de ese bloque, en bastantes ocasiones, también, han intentado subvertir el orden de aquellos en su propio provecho… Por supuesto, rechazo unos y otros comportamientos; mis desvelos se dirigen a los países que de buena fe intentan preservar su idiosincrasia, sin intentar ilegalmente influenciar en los demás…

Dije que todo país tiene derecho a defender sus conquistas sociales, su ordenamiento político contra todo ataque tanto interno como externo.

Respecto al interno, la regla general que expuse al final de la parte (I) (“Toda concentración de poder debe ir a la par de su control”), es la ley básica que debe aplicarse.

En el caso democrático, para asegurar la regla anterior, la aplicación del principio de separación de poderes de Montesquieu es básico, así como la potenciación de la posibilidad de alternancia política (en particular, el abuso del poder ejecutivo sobre los otros poderes debe ser claramente erradicado). A todo ello habría que añadir ciertas matizaciones necesarias para la defensa de la democracia de sus enemigos, los cuales representan una amenaza tanto interna como externa. La interna hay que soslayarla aplicando el principio de “correspondencia”: “No deben concederse libertades o prebendas a ciertos individuos y/o estamentos  procedentes de otros países, si no existe la oportuna correspondencia para los nacionales propios en sus territorios respectivos.” El caso de las mezquitas e iglesias es proverbial, y no necesita más explicación.

Los principios democráticos plenos sólo pueden establecerse entre individuos comprometidos en su preservación, de forma manifiesta y efectiva… Lo contrario supone la creación de guetos, que de ninguna forma deben consentirse, ni fomentarse…

Ahora bien, la presencia de países donde la democracia interna brilla por su ausencia, y que son activos respecto a la implantación de su sistema (véase el caso de Cuba, Venezuela, Corea del Norte, Irán, entre otros), requiere la defensa también activa del bloque democrático, que por cierto no es tan grande como parecería… Y aquí rezarían los dos principios enunciados en la parte (I) del artículo:

  1. “El temor a la tecnología de “destrucción masiva” aplicada a las relaciones entre los países”.
  2. ” La imposición siempre del control sobre la concentración de poder”.

Pero, ¿cómo aplicar de manera efectiva tales supuestos?

¡Todo un reto para el futuro, pero de tal importancia que la humanidad en su conjunto se juega su supervivencia!

Nuevos organismos impositivos, pero respetados por todos, son una asignatura pendiente…

El primer principio requiere la constitución de un organismo que partiendo, seguramente de la ONU, lo haga posible.

El segundo, ahora mismo una utopía entre Estados, es más fácil implantar internamente en cada país, con lo que se evitaría en gran manera el acceso al poder de posibles futuros dictadores.

El estudio sobre “¿cómo desalojar del poder a un dictador?”, será objeto de la (III) parte del artículo.

Alejandro Álvarez Silva

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