Principios democráticos y poder (y III)

“El desalojo de las dictaduras del poder”.

Para el estudio yo me fijaría en dos circunstancias principales. La primera que el dictador no está solo (si fuera así no podría mantenerse en el poder), sino que está rodeado de una “camarilla” más o menos amplia, denominada de diferentes formas según su estructura, pero que detenta casi la totalidad de todos los resortes del poder. La segunda, que lo más importante en relación al tema son los gobernados, el pueblo, y en mi opinión, sobre ello hay que edificar las conjeturas.

Como esta última circunstancia es lo que más interesa, al menos a mí, deberíamos buscar su máxima protección. Teniendo en cuanta ésto, inmediatamente se presentan dos variantes. Primera, la pérdida de poder de un dictador a manos de otro dictador. Entonces el pueblo, salvo matices, seguirá soportando una merma de sus libertades, pues únicamente habría un cambio en la camarilla dirigente. Se me antoja que es el modelo que se presenta en ciertos países africanos, centroamericanos, sudamericanos o de otras latitudes. Tristemente, el pueblo seguiría casi en la misma situación (aunque, por la ley de Murphi siempre puede haber algo peor), dada su situación de convidado de piedra. El caso no entra exactamente en lo que pretendo analizar en el presente artículo, sino que conlleva connotaciones más clásicas, referentes a las revoluciones sociales.

Me interesa especialmente la segunda variante, en la que el pueblo sigue siendo, igualmente, el verdadero “sufridor”, pero que al partir de situaciones muy distintas, hace posible una reversión de su situación. Es el caso de aquellas sociedades que habiendo estado gobernadas por un sistema más o menos democrático, han perdido sus libertades a manos de un dictador. Sería el ejemplo cercano del ascenso al poder de Hitler con su nacionalsocialismo, imponiéndose a un pueblo tan culto y democrático como el alemán. (El caso de Stalin o Mao  es distinto, pues es el desenlace previsible de los grandes movimientos revolucionarios).

Resumiendo mucho, en este caso yo aconsejaría, a grosso modo, la “desobediencia civil” en todos los estamentos, para que la camarilla dirigente (con su dictador) no pueda ejercer un verdadero control, mermando en lo posible su poder… Sí, el pueblo debe ser valiente y oponerse a ser sojuzgado: ¡Quién ha dicho que la libertad es un don que proviene del cielo, cuando la realidad es que hay que ganársela día a día…! Y ésto alcanza al pueblo llano en general y a todas sus instituciones… La responsabilidad en tal “alzamiento”, e igualmente y por el contrario, la pasividad, deben de ir parejas al grado de poder o influencia del estamento donde se milite o se esté encuadrado… Por supuesto que es máxima para aquellos que detentan el mayor poder, en especial los que poseen el uso legal de la fuerza, como el ejército o las fuerzas del orden… Y como tales, deberían ser juzgados en el futuro. Soy de la opinión que la aplicación de amnistías en estos casos es poco recomendable; deberían usarse en casos muy especiales, extraordinarios, porque “el fin no debería nunca justificar los medios”.

Y no estoy solicitando un comportamiento  heroico, sino una resistencia parecida a la de Gandhi…. En fin, una vez más recordar que para evitar males mayores (el ascenso de un dictador), apliquemos el adagio que “vale más prevenir que curar”, que aquí se concretaría en la recomendación apuntada en las partes (I) y (II) del artículo: “El control siempre debe prevalecer sobre la concentración de poder”. La legislación debe tener siempre muy en cuenta tal principio.

Por último, en el caso extremo y cuando la cosa pasa a mayores, quiero decir cuando se llega al punto de que las ansias de libertad del pueblo, pudieran acarrear el genocidio de partes de la población por la acción represora de un régimen, estaríamos ante la prueba de fuego de lo que propuse al final de la parte (II) del artículo, hará falta, muy a pesar de los principios democráticos (que podrían no poder ser aplicados en su integridad) y de la independencia de un país o un Estado, acudir a una acción internacional limitada a la evitación del genocidio, restaurando un régimen transitorio que permita la celebración de elecciones generales en las que todas las opciones políticas estén en igualdad de oportunidades, en un ambiente de paz que las haga posibles.

¿En qué consiste la prueba de fuego?… La creación por parte de la comunidad internacional de un nuevo organismo que yo llamaría “Fuerza antigenocida” (FAG), dotado de recursos militares suficientes y mandatado por Tribunales de Derechos Humanos, al que contribuirían todos los países. En FAG, el derecho al veto sería inexistente (por tanto, haciendo abstracción de la potencia de cada país contribuyente) y las decisiones se tomarían por mayoría.

Como ejemplo, yo creo que hubiera sido muy eficaz en la resolución del actual conflicto venezolano.

En mi opinión, la “dilución” de un régimen autocrático en uno plenamente democrático debería asemejarse bastante al de la Transición española.

Hacen falta soluciones imaginativas ante el inminente futuro, dada la imposibilidad (sin poner en riesgo a toda la humanidad) del desarrollo de una conflagración mundial.

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