El peligro de la biología sintética

En otros planetas la bioquímica será distinta que en la Tierra. Por eso los seres vivos que circunstancialmente los habitaran serán necesariamente muy distintos a los de nuestro planeta, “no solo porque han evolucionado bajo condiciones distintas, sino porque han sufrido desde el principio una contingencia distinta”.

Es decir, su “bioquímica será incompatible con la nuestra e incluso puede que usen elementos distintos, como arsénico en lugar de fósforo”.

O sea, nosotros “nunca podremos ser un alimento para alienígenas que hagan de octavo pasajero. Ni nosotros podemos colonizar otros planetas porque no podremos comer nada de lo que se halle allí. O no nos alimentará o nos será tóxico.”

“La vida allá fuera pude usar aminoácidos distintos e incluso un ADN distinto, si es que usa ADN para codificar información genética”.

Los entrecomillados se refieren a partes del artículo de Neofronteras.com titulado “ADN con ocho bases“.

Y continúa: “No deja de ser gracioso que en la ficción científica una misión espacial encuentre ADN y que este sea como el nuestro. Algo así es muy improbable.”

Y ésto viene al caso por las investigaciones que se vienen realizando desde hace años sobre ADN sintético, en las que se inventan nuevas bases nitrogenadas que se añaden a la lista de las que existen A, C, G y T (adenina, citosina, guanina y timina). Y las nuevas bases son funcionales, es decir, es posible añadir al ADN otras cuatro bases nitrogenadas nuevas, ampliando el catálogo de bases sintéticas.

Es más, se han generado enzimas que copian el nuevo ADN con mezcla de bases nuevas y antiguas, consiguiendo modificar unas bacterias que pueden usar esta ADN híbrido, e incluso han conseguido que este nuevo ADN codifique proteínas sintéticas que contienen aminoácidos diferentes a los naturales.

Se sugiere que podrá usarse todo esto para aplicaciones biotecnológicas de producción de sustancias, y hasta se ha fundado una empresa (Synthorx) para comercializar tratamientos contra el cáncer que usen este tipo de proteínas sintéticas.

También, nos dice el artículo que este tipo de investigación nos obliga a recapacitar sobre cómo pueden ser otras formas de vida alternativas en otros planetas.

Pues bien, ya advertí en el citado artículo del riesgo de tales investigaciones, y ahora diré por qué.

Es muy posible que como tal investigación, traiga adelantos técnicos positivos a nuestra humanidad, pero en el lado contrario encierra no pocos peligros al poder ser aplicada a la guerra biológica, o simplemente y accidentalmente que se descontrole una forma de vida ante la que no tenemos defensa posible (ADN distinto al nuestro y al de toda forma de vida terrestre), al no existir en la naturaleza los oportunos “anticuerpos” necesarios para ello… Todo lo cual nos llevaría no solo a la desaparición de nuestra civilización humana (ya de por sí amenazada por otras posibles catástrofes como el holocausto nuclear, el cambio climático, la caída de cometas, etcétera), sino la de toda la vida terrestre que conocemos… Sólo se me ocurre una vía para evitarlo, en la línea de otros artículos de este Blog como: “El largo plazo en la educación, “Principios democráticos y poder” y “El segundo paso de la humanidad: las técnicas de contención”.

La solución es hacer uso, en serio, de organizaciones como la ONU para establecer organismos de control eficaz como la FAG (“Fuerza antigenocida”), o el autocontrol de la propia Ciencia defendido en el artículo del Blog: “Paradigma necesario: la Ciencia controlada”.

Es llamativa la constatación de la creación de la citada empresa “Synthorx” y lo que ello supone, que no es ni más ni menos que el modelo americano de desarrollo científico basado en empresas particulares cuyo único móvil es el beneficio económico, y donde el control social es prácticamente inexistente… En temas de tal envergadura, que ponen en peligro a toda la humanidad, debe de haber un control muy eficaz del desarrollo de la Ciencia, y debe ser público o como mínimo accesible a cualquier grupo social humano (países, comunidad científica, etcétera). La regla básica, ya apuntada en el artículo “Principios democráticos y poder”, es: “El control siempre debe prevalecer sobre la concentración de poder”.

¡Ciencia sí, pero dirigida, exclusivamente, en beneficio de la humanidad!

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