Emergencia verdadera: característica descriptiva

“Algo nuevo, evolutivamente superior”.

En el artículo anterior del Blog, “¿Son superiores las propiedades emergentes del conjunto a las de cada componente?”, establecí dos tipos de “propiedades emergentes” de un sistema, totalmente diferenciadas: el que está basado en unas sencillas reglas básicas que las explicaban y a las que parecía que se les podía aplicar leyes que rigen en los “sistemas inanimados”, como a la pura materia que obedecía a las leyes físicas; y el de las que se aplican a los cerebros, donde se decía que las neuronas por sí solas no tenían inteligencia, pero sí el cerebro completo, es decir, las “propiedades emergentes” parecían de un orden superior.

Pues bien, considero que deberíamos reservar al último caso el concepto de emergencia, como algo nuevo, evolutivamente superior, es decir, como apuntaba en la última frase del artículo citado anteriormente, aquí sí “las propiedades emergentes suponen un adelanto sobre las subunidades (individuos, células, neuronas, etcétera) del sistema”.

De esta forma, “desterrando” el concepto de emergencia del primer tipo apuntado, es fácil ver una cuestión crucial, a mi entender, desde el punto de vista de la conveniente aplicación de leyes puramente físicas, defendida en el artículo de Neofronteras.com, “Elasticidad y temperatura en un banco de peces”; que sean unidades puramente materiales como moléculas o simples masas, o individuos vivos como peces o aves, todas obedecen “individualmente”, es decir, desde sí mismas, a estas leyes físicas (esas leyes físicas actúan sobre cada uno de los componentes del sistema, sea éste bandada, banco, o estructura puramente material), siendo indiferente -aunque, quizás, exista como máximo una pequeña matización- a su constitución o esencia interna: ser vivo o inanimado. Que a nosotros nos parezca adivinar algo misterioso y extraño en el resultado de la aplicación de unas leyes sencillas y simples al sistema (movimientos aleatorios del banco de peces o la bandada de estorninos), no es motivo suficiente para adivinar en el conjunto una inteligencia inexistente.

Sin embargo, en el caso del segundo tipo considerado, cuyo prototipo es el cerebro, con la propiedad emergente de la mente, estamos ante un caso diametralmente opuesto; aquí la “emergencia” representa un cambio cualitativo, cuya característica principal que lo es también descriptiva, es que “esa propiedad emergente” (mente) no está definida en concreto en ninguno de los componentes del sistema (neuronas), pues actúa como un todo (propiedad holística), o sea, no se circunscribe al determinismo de ningún espacio, ni tiempo concreto de cada subunidad (neurona)…

Es el conjunto el que queda dotado de la nueva propiedad emergente (mente), y el cerebro todo, entonces, se dota de lo que llamamos “inteligencia” y que no observamos individualmente en cada una de sus neuronas.

Para mí, en esto consiste la “emergencia verdadera”, y su  característica descriptiva es la no-localidad (¡cómo nos recuerda ésto el sorprendente mundo cuántico!)

E igual que la propiedad emergente “mente” del sistema “cerebro”, ¿qué nos depararán otros sistemas evolutivos superiores en el futuro?

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