La cadena de consciencias-inconsciencias en el ser vivo

(Continuación del artículo “Lo esencial de la vida en la era de lo sintético”)

Lo consciente cuantitativamente posee un papel menor que lo inconsciente: “Metafóricamente, este último sería el inmenso océano que rodea al navegante (lo consciente) en la azarosa aventura de la vida”… Cosa muy distinta es, si se considera el aspecto cualitativo, donde lo consciente en el individuo es lo fundamental, “el pienso luego existo” de Descartes, aunque corregido un tanto por Ortega y Gasset con su adagio: “Yo soy yo y mis circunstancias”.

Pero, en verdad, el inconsciente es enorme y además enormemente “listo”, de forma que todos los procesos sustanciales para el mantenimiento de la vida son inconscientes (¡ni la evolución se fía de nuestros designios!): los latidos del corazón, la respiración, la respuesta instintiva rápida, etcétera.

Yo diría que somos un fenomenal sistema inconsciente, en el que sólo su frontera lo constituye lo consciente. Y es que dentro del inconsciente hay toda una generación de criaturas, sistemas u órganos en descenso, cada vez menos complejos, hasta llegar a las células que, por cierto, son entre sí diferentes en un número superior a la centena.

Y, en mi opinión, cada una de esas criaturas (considerando así a los subsistemas como órganos, tejidos y células), para sí, también son inteligentes en el sentido que pueden adecuarse al entorno en su propio beneficio (entornos que corresponden a distintas partes del cuerpo), y esa “adecuación” significa una consciencia necesaria para poder elegir entre varias posibilidades, e igual que nosotros (el individuo completo), para tal criatura existe su inconsciente que se refiere a toda esa otra parte de su psiquis no consciente… Así que, afirmo, que existe una cadena de seres vivientes en todo organismo vivo, desde el individuo completo (un hombre, una vaca, una planta, etcétera) hasta sus células componentes, y cada una de ellas posee en su psiquis (salvando, indudablemente, la tremenda diferencia cualitativa existente entre ellos) una parte consciente (una consciencia lejos de la humana, que permite a cada criatura ser “consciente” del entorno donde vive, para poder interactuar con él) y una inconsciente… Y, haciéndome eco del anterior artículo del Blog citado al principio, como organismo vivo ello supone la posesión de una “intencionalidad”, por tanto, de un “sentimiento interno”…

Y todo “sentimiento interno” presupone, como mínimo, la existencia de sensaciones (la gradación de las mismas, al no poder ponernos en su lugar, sigue siendo para nosotros bastante desconocida: ¡sólo sentimos “en humano”!)

La intencionalidad (propia) caracteriza al ser vivo, y lo distingue de la materialidad del robot, carente de intencionalidad, o si queremos expresarlo de otra forma, con la intencionalidad de su creador… no la suya.

Pero la intencionalidad propia supone percibir sensaciones tanto positivas (agradables-placenteras) como negativas (desagradables-dolorosas)… ¿Y cuál es la raíz de esa sensaciones placenteras o no?…

¡Será el tema del siguiente artículo del Blog!

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s