A vueltas con la muerte: los instantes previos

La muerte no es “algo” absoluto, sino que tiene una “modulación” profunda que la hace totalmente “relativa”… ¿Y relativa a qué?… A la “sensibilidad”…

Un cuerpo inerte, ajeno absolutamente a cualquier signo de sensibilidad, sensación, etcétera, en él no tiene ningún significado la muerte… Se entiende mejor lo anterior si hacemos hincapié en los instantes previos a la muerte (IPM), ya que, en dichos instantes, la cualidad “sensibilidad” no está del todo ausente, lo que choca con la profunda absolutidad de la muerte; yo diría que militan en dos “campos” totalmente distintos (no existe gradación en el segundo supuesto- no se está “un poco” muerto; se está muerto del todo).

Y es que, en verdad, en IPM, el concepto tradicional de muerte y el correspondiente “duelo” poseen todo su significado (ciertamente, existe un determinado “duelo” interior del sujeto que fenece, y otro distinto, el “duelo social” al que siempre nos referimos).

Todo el razonamiento anterior conduce a la revalorización de IPM, por consiguiente, deberíamos “cuidar” bastante más tales instantes que, y de ahí su importancia, están claramente relacionados con los conceptos de “muerte digna”, eutanasia, cuidados paliativos, tratamiento del dolor, etcétera. Y es, entonces, esta “verdadera” muerte la que debe preocuparnos, en el sentido más humano del tema…

El recuerdo de los seres fallecidos está muy alejado de lo que acabo de expresar aquí, pues su lugar se sitúa en el “duelo” por las personas allegadas al difunto, o desde otra perspectiva, puede corresponderse con la utilización política, religiosa o de otro orden de dicho recuerdo (mártires incluidos). Y es que al muerto (ya muerto; no en IPM) no le importan lo más mínimo todas nuestras elucubraciones (le hemos dejado en paz, ¡nunca mejor dicho!)… Y no entro en la posibilidad, certeza para los que rebosan fe, de la existencia en otras esferas de los espíritus de los fallecidos(*) -cielos, o como queramos llamarlas. Este es un tema religioso en el que, tras mi respeto, prefiero no inmiscuirme.

Así que, tras lo apuntado, deberíamos reconceptuar el propio concepto de muerte, haciéndole mucho más compatible con la actual sensibilidad ecológica, la vida global, el reconocimiento de la dignidad de nuestros “compañeros” animales, en fin, la asunción como ser vivo de Gaia, de la cual solo somos una parte más, y en la cual, la vida en todos sus matices (material, biológica, mental, espiritual) constituye el principal bien a proteger.

(*) El “misterio” parece encerrado, a la vez que puede distenderse (en mi opinión) haciendo compatibles los siguientes aforismos:

“Nacer es llegar, morir es volver” (Lao Tsé)

“Nos hiciste señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta descansar en ti” (Agustín de Hipona)

Y es que: ¿Muerte-volver a la naturaleza, a lo inanimado-, equivale a identificarse con el Universo -Dios-?

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