Los niveles-mundos (el número) y su conexión

Cólquico

No sé si existirán universos o mundos paralelos. Lo que sí sé que en éste (el que conocemos fehacientemente) si existen mundos que paralelos o no, parecen muy diferentes unos de otros. Y no tengo que irme mucho más lejos que de la propia Física o la Biología.

Respecto a la Física, quién iba a decirle a un hombre ilustrado del Renacimiento que podría medir distancias millones de veces inferiores al milímetro o, por ejemplo,  si hubiese sabido qué era la longitud de onda de la luz, la que corresponde exactamente al color rojo o el violeta, pongamos por caso, y con una precisión que le parecería milagrosa, y además sin acudir a elementos mecánicos como el micrómetro, sino con instrumentos ópticos: interferencias, reverberaciones, etcétera, hacen el resto.

Y en cuanto al tiempo… Debido a alargamiento del tiempo relativista, sabemos de la existencia de partículas que el ojo humano no puede ver…

No es preciso alargar más este preámbulo… ¡Se adivina perfectamente que para el observador que somos como humanos (con una vida de no más de 100 años), el metro, el segundo y el gramos son unidades alrededor de las que nos movemos!… ¡Nuestra vida queda perfectamente enmarcada en ellas!… Pero para partículas tan pequeñas como un átomo o sus componentes, esas unidades son excesivas: ¡pertenecen a otro mundo!… Un liliputiense que pudiese vivir en tal mundo, dispondría de otras mucho menores (numéricamente), y que regirían en ese, verdaderamente, otro mundo…

Y si nos referimos, sin ir más lejos, al campo biológico, ¡qué diferente, en cuanto a cantidad (refiriéndonos a la evolución), existe entre la edad de cualquier individuo integrante de una particular especie animal o vegetal, y la edad (duración) de la especie en cuestión!… La especie posee una duración (edad) que se mide en miles o millones de años (cocodrilos, tiburones, etcétera), mientras que cualquier individuo perteneciente a cualquiera de ellas, raramente supera los 100 años (no obstante, excépcionalmente, algunos árboles superan los mil años)… Parecería que especies e individuos habitasen en mundos distintos, desde el citado punto de vista temporal (numéricamente, unidades  comparadas con miles o millones)… Si a todo esto sumamos la duración de eventos geológicos como el desplazamiento continental, la formación de las grandes cordilleras, etcétera, comparada con la vida humana, parece que nos movemos en mundos distintos, al menos en orden a la cantidad, la magnitud, el número…

Lo curioso es que un teórico observador que se moviese en cualquiera de los citados dichos ámbitos, observaría una precisión, un orden, una exactitud en los proceso observados, del todo asombrosos… No existe ninguna preferencia entre unos y otros: ¡sólo depende del teórico observador!… Para nosotros, aparentemente es más preciso o exacto el “entorno” humano (con sus unidades, ya referidas, adecuadas)… Y es que desde nuestra perspectiva, aquellos otros mundos nos parecen borrosos, inciertos, por ejemplo, ¿cómo podemos medir con un metro el tamaño de un virus?… Imposible, ¡hay que acudir a otros métodos!

Y ahí está la cuestión… Admitiendo la exactitud, y riguroso cumplimiento de las leyes en cada ámbito, sólo hay una forma de relacionar tales mundos entre sí: las “llaves” que conectan unos con otros, llaves que históricamente han representado descubrimientos sensacionales para la humanidad: la naturaleza ondulatoria de la luz, el electromagnetisno, etcétera.

Y ya adentrándonos en el campo metafísico (no tengo remedio, me gusta elucubrar sobre la derivada metafísica de lo filosófico), si imaginamos un “relojero” ideal (demiurgo) que creó el mundo cotidiano  en que vivimos a escala humana -podría ser un hombre muy adelantado con una tecnología elevadísima-, de igual forma, debería existir un “relojero” que crease cada uno de esos mundos aludidos anteriormente, puesto que su precisión y exactitud son igualmente asombrosas… pero, ¿tantos creadores-relojeros moviénsose en dimensiones (numéricamente) tan distintas?… Si el creador del Universo o la fuerza que lo ha creado es capaz de identificarse con cada uno de ellos, mi asombro es infinito: ¡tan perfecto en todos esos ámbitos (mundos) y a la vez único, imprescindible para pergeñar los engarces (llaves) tan precisos entre unos y otros!… Bueno, no quisiera que estas palabras justificasen un nuevo enunciado acerca de la existencia de Dios… ¡Sólo asombro!

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