Los “últimos” peces del río Manzanares

¿Los “últimos”?… Luego diré por qué…

Nuestro querido río Manzanares (hoy “Madrid Río”) ha estado sometido a múltiples eventos a lo largo de nuestra historia… Lo que sigue es una simple anécdota, pero, como estoy haciendo en los últimos artículos del Blog, describe una pequeña “semblanza” de mi propia vida, y por ello me afano en anotarla y describirla en unas pocas palabras…

Como he ido exponiendo últimamente, en mi niñez vivía en la calle Algeciras, que no era más que una pequeña bocacalle de la Ronda de Segovia que se prolongaba en el llamado Paseo Imperial.

Eran tiempos de finales de la denominada posguerra (quizás, antes), y España, también Madrid en sus aledaños, estaba casi destruida… Las mismas casas que desde mi barrio se divisaban hasta el río Manzanares, acusaban mucho deterioro, cuando no ruina total. Un pequeño puente que salvaba la vía del tren, te introducía sin interrupción en el llamado “Barrio Manzanares”, antiguas casas que soportaron sobre sus cabezas la no muy lejana contienda, y que milagrosamente aún conservaba la llamada “fábrica de luz” que allí había (creo que hoy se usa, rehabilitada, para aplicaciones tecnológicas).

El hecho es que desde el final de aquel pequeño barrio de casas antiguas, se llegaba sin solución de continuidad a la misma margen del río, de arena o tierra, por supuesto, en la que sólo se percibían algunos elementos de lo que, al parecer, eran antiguos lavaderos de ropa por parte del pueblo llano…

Claro, aquello era ideal para niños como yo, que con escasos medios no teníamos otra oportunidad para divertirnos que vagar por el barrio y todo lo que le circundaba, como era el caso… También pertenecía a ello el propio “Puente de Segovia”, que desentonaba, favorablemente, en dicho entorno con su estilo herreriano de tiempos de Felipe II, información que cuando la recibí en aquel entonces, por parte de uno de mis amigos más allegados, “Rafi”, no fue capaz de traspasar mi incredulidad…

Pero, aún en aquellos tiempos, el río era un desastre, ecológicamente hablando, pues las depuradoras no dejaban de ser una utopía en el Madrid de entonces, y las aguas estaban sucias y faltas de oxígeno, algo que se barruntaba en los años inmediatos, y que condujeron, asombrosamente, a que el río “se quedó sin peces”… ¡Todos (o casi) murieron!… Y los últimos estaban tan “asfixiados” que para cogerlos solo había que alargar la mano… Tal es así que me hice con gran cantidad de ellos (yo creo que más de cincuenta), de un tamaño mediano, pero que llenaron completamente la bañera de mi casa, ante el disgusto de mi madre…

Soñar con una pecera, entonces, era algo simplemente imposible (no se estilaba y menos en un barrio tan deprimido)…

Mi ocurrencia les costó a mis hermanos, por supuesto a mis padres, bastante tiempo de ausencia de los necesarios baños, que en algún caso se suplió por bañeras provisionales: los barreños de la casa…

Claro que el desenlace fue el previsto… Un día, al llegar, contemplé a los peces en la bañera desprovista de agua… ¿Cuánto tiempo estuvieron vivos los peces sin su imprescindible elemento?… Calculamos que habían sido más de tres cuartos de hora… La explicación: habían sido tan duras las condiciones anaeróbicas del río que casi se habían acostumbrado a la ausencia de oxígeno… Pero todo tiene un límite…

La historia continuó, tras ciertos devaneos administrativos, con la urgente repoblación del río “que se había quedado sin peces”, a la vez que se acometía su canalización en este tramo del mismo… Una anécdota más, que forma parte de los recuerdos de mi niñez…

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