La primera vez que vi al Madrid en el Bernabéu…

Sería finales de los cincuenta… Un estadio remozado (el antiguo Nuevo Chamartín), y un partido contra el club deportivo Orense, que llevaba una temporada magnífica.

Vamos, que mi padre creyó que su equipo, el Orense (la patria chica siempre se lleva en el alma), sería capaz de ganar nada menos que al Real Madrid… Debía ser un partido de la Copa, dada la diferencia de categorías…

Tanta ilusión tenía mi padre que decidió llevarnos a mi hermano y a mí al estadio… Nunca había ido al mismo, así que ello supuso una gran alegría… ¡Hasta el Metro, donde fuimos, fue para mí una novedad!… Al salir de la estación, era tan reciente la remodelación del estadio que ni el acceso al mismo estaba urbanizado: tuvimos que caminar un trecho sobre tierra.

La ilusión de mi padre estaba justificada, pues su equipo llevaba una racha muy buena, y hasta tenía una figura en su delantera que prometía mucho… sí, pero mis pocos años y los tantos acaecidos desde entonces, apagaron su nombre en mí… Bueno, la verdad es que defraudó un tanto, así como todo el equipo, pues el Madrid ganó por 5-0 (eso sí lo recuerdo)… Y, también, vi la figura en vivo del sorprendente Di Stéfano, con su maravillosa facilidad hacia el gol, y la forma de librarse de los defensas que, ¡cosas de los hados!, siempre caían a su lado… ¡rápido en los goles y en todo lo demás!

Defraudó el Orense, pero para nosotros fue una tarde de fútbol memorable, un hito que nunca olvidaremos…

Pero no solo fue memorioso el partido, sino sus consecuencias posteriores…

Al llegar a casa, al barrio, de ver aquel campo del estadio tan verde, sus lustrosas porterías… ¡hizo en mí el portento de creerme un verdadero cancerbero de primera!… ¡creí que podía llegar a todo… mejor, a todos los balones que me lanzaron!

Dije a mis compañeros, a mis amigos, que podían “disparar” todo lo fuerte que quisieran… ¡que yo lo paraba todo!… ¡Cómo aumenta la moral el ver “superhombres” en el campo!: ¡Te crees uno de ellos!

Pues así fue durante bastante tiempo: ¡lo paré todo!… ¡Hasta que entró el primer balón!… ¡Ya no lo paraba todo!… ¡Había bajado del pedestal!… ¡Me hice humano!

Pero sí, en mi conciencia creó el recuerdo de que el ejemplo puede auparte a metas sorprendentes…

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