El Arnoia y Allariz: un bucólico pasado

No hace mucho disponía de una casa, bastante antigua, en Aldea de Abaixo, concello de Ramirás (Ourense)… Pero no voy a hablar de la casa, sino del entorno que es lo que me enamoró…

La primera vez que me introduje en la zona, sin buscar un paraje en particular, fue a través de la carretera que va desde Celanova (por cierto, lugar de nacimiento de mi padre) a Vigo, atravesando el río Miño.

Tenía referencias de alguna casa con precios asequibles que se ofertaban por allí…

De paso, al llegar a Ramirás, dado que había una bifurcación que se dirigía hacia el Arnoia, nos indicó el camino… Una carretera estrecha y ondulante y una amplia panorámica…

El paisaje, dominado por el puente sobre el Arnoia que permitía  el paso de la carretera en dirección a Outomuro, era maravilloso… Un recodo de aguas mansas, donde podía practicarse el baño en una especie de balsa del río, todo ello rodeado de pinos antiguos, un bosque bien tupido donde las martas tenían su ambiente y donde sólo se oía la naturaleza…

Ni que decir tiene que asentamos nuestras querencias en tan bucólico esplendor: ¡Nos compramos la casa!…

Fue durante años el destino de los siguientes veraneos… Multitud de anécdotas, por supuesto… Ahora solo quiero enfocarme en una…

El descubrimiento (por mi parte) de Allariz, la antigua capital del reino gallego de Sancho IV, y donde vivió en su juventud Alfonso X. Según Otero Pedrayo, poseía los márgenes ribereños más bellos de toda Galicia… Y así nos lo pareció, aparte de su monumentalidad, los patos que vivían en esas aguas, los magníficos árboles de sus orillas y sus puentes… Una maravilla, nuevamente una bucólica belleza, que reflejaba la prístina naturaleza…

Y ahora viene lo malo (no todo iban a ser maravillas)… He aquí que apareció por allí un afanado artista, el pintor Ibarrola… ¡Que no sé a quien se le ocurrió que el campo tenía que ser pintado, rocas y árboles incluidos!… A él seguro, pero ¿quiénes apoyaron tal idea?…

Le diría al pintor: ¡Es precioso “poner” la naturaleza en los cuadros, pero no los cuadros (pintura) en la naturaleza!… ¡Mucho deberías aprender de tu compañero Santiago Rusiñol que expresó en sus cuadros magistralmente, por ejemplo, la belleza de los jardines de Aranjuez!… No es una crítica personal, sino el enojo ante lo que creo es una desvirtuación de la naturaleza.

Para nuestra desgracia, si a ello le sumamos la contaminación del Arnoia que, en entre otras, arrojaba la quesería que se alzó en sus márgenes (las aguas quedaron oscuras, en detrimento de peces y alegría de culebras…), y la tremenda “campaña” de incendios que asolaron los bosques de pinos, dejando asomar, como esqueletos descarnados, las numerosas casas que se protegían entre dichos árboles… Lo dicho: ¡Un pasado de bucólica belleza!

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