Miedo, libertad y democracia

Sombras en el horizonte

El artículo se refiere a los tres conceptos limitados a su interrelación, no a sus conceptos por separado que, evidentemente, poseen una amplitud considerablemente mayor.

El miedo y la libertad que aquí expongo son los que se perciben a nivel social en alguna de las sociedades definidas “políticamente” como democracias…

El término democracia es muy amplio o muy variable, en orden precisamente, del grado de la llamada “libre expresión”… Ingenuamente, hemos creído que en democracia valen todas las opiniones, todas las ideologías y por consiguiente, todos los partidos… Teóricamente así sería, pero nada más lejos de la realidad… Y aquí aparece, entonces, ese miedo y esa limitación en la libertad que he citado… En casi todas las democracias conocidas existen limitaciones a la libertad en sus sociedades, coerciones evidentes que la realidad en la práctica nos enseña… ¡Y algunas son graves!… Así que el miedo no es ajeno a tal realidad… ¿Miedo?,  sí miedo… ¡Qué si no los “escraches” (mala copia de procedimientos poco democráticos de los países del cono sur americano), las “penas de telediario”, las “pintadas” en establecimientos comerciales y domicilios… !  ¡En algunos países (demócratas) quedan fuera de las “subastas” del voto, partidos a los que se tacha de fascistas…! Las llamadas huelgas revolucionarias (los convocantes las llaman de otra forma) ocasionan importantes perjuicios a los ciudadanos.

Por otra parte, ¿cuál es la frágil línea entre “libertad de expresión” y libertades individuales?…

Todo ello supone una merma en las libertades, y paralelamente un “miedo” que impide a algunas opciones a expresarse con naturalidad.

Hay que decir que tales problemas se ven bastante aminorados en las democracias más consolidadas, casi todas anglosajonas… La experiencia es un grado, y en este caso el “correr del tiempo”, la práctica política, es fundamental.

Yo, no es que aconseje, es que creo que es evidente la conveniencia de comportarse en todos estos temas de forma prudente… ¡Aún me acuerdo del primer consejo, “no te fíes ni de tu padre”, que precisamente, valga la redundancia, me dio mi padre!… Enseñar todas las cartas en público, dados los déficits democráticos que existen en muchas de nuestras sociedades, no es muy prudente… Mientras se copen “medios de comunicación”, no exista una verdadera división de poderes, sea tan lenta la justicia, estemos ante una partitocracia evidente, exista una desigualdad social patente (incluidos los elevados índices de paro),  una falta de control notoria en las vías públicas, sobre todo en zonas del país incursas en procesos de independentismo… el miedo seguirá vigente y la libertad brillará por su ausencia…

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