El día de los muertos

Cementerio de Peguerinos

No eran muertos vivientes, ni de noche… Eran muertos bien muertos, y de día… En particular, alrededor de las 10 de la mañana, en un día frío y húmedo… el 1 de diciembre de 1971.

Triste es que hasta en la muerte haya que “sacar el monedero”, y no es poco lo que cuesta un enterramiento… pero lo peor es lo que se refiere a la exhumación del cuerpo de los allegados… que hasta aquí llegan los pagos, por lo que no extraña que muchos familiares, por esta u otra causa, como el olvido, vean los restos de los suyos, a veces, en un osario común, aunque, según las autoridades se avisa sobre el evento con antelación…

Pero el tema no es la parte crematística del asunto, sino el panorama de la tragedia, yo diría de película de miedo que se hace pasar a tales familiares en la exhumación, con excusa de ganar espacio y (esto lo digo yo: ¡sacar pingues beneficios!) y que solo beneficia a las administraciones…

El hecho que vengo a relatar fue que en ese aciago día, en el cementerio de la Almudena de Madrid, nos tocó a mi suegro y a mí actuar en representación de la familia. En mi caso el levantamiento del cadáver de mi padre que había fallecido 10 años antes, y al no ser sepultura perpetua era obligado exhumar… Lo mismo, también correspondió a todas las sepulturas de la época, que eran bastantes…

¿Quién quiere ver una película de miedo donde solo hay figurantes?… Si quieres realidad, ¡aquí la tienes!, porque los cuerpos que estaban enterrados más abajo, nadaban literalmente en agua…

¿Qué ocurrió?… Que el espectáculo fue dantesco… Los primeros cuerpos (los de arriba) salieron bien, quiero decir que como se preveía, sólo unos cuantos huesos les representaban… Pero la cosa comenzó a complicarse: ¡iban saliendo cada vez más reconocibles!… Los últimos parecían haber sido sepultados hacia un mes… eso sí, salpicando una mezcla de agua sanguinolenta…

Los trabajos avanzaban rápidamente, y no daba tiempo a evacuar tanto cuerpo, así que se iban acumulando a los bordes de las sepulturas, en capachos de esparto… Pero había casos espectaculares, muertos con melena y uñas muy crecidas… Un señor trajeado a la perfección (cual distinguida criatura de las tinieblas)… Además, ese día de diciembre se adornaba de una leve niebla, entre esporádicos y cambiantes rayos de sol… El colmo fue cuando a una hermosa joven de cabellera larga y rubia que llevaba a hombros, en uno de esos capachos, un trabajador del cementerio, se le desprendió una pierna…

Entre los familiares había algunas mujeres, horrorizadas,  con tez blanca, pálidas, pidiendo casi a gritos la terminación de tal pesadilla… hasta el punto que una se desmayó sobre el hueco de una tumba, que gracias a Dios estaba llena de tierra hasta la mitad, así que no fue muy grande el golpe… ¡Claro que casi la entierran en vida!

¡Poco menos que la noche/día de Walpurgis!

¡Es que no puede utilizarse otro tipo de método más humano, si en verdad son tan necesarias las exhumaciones, para no hacer pasar tal trago a los familiares! ¡No nos dejan tranquilos ni en la muerte!

Me olvidaba, por suerte, mi padre fue de “los de arriba”!

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