Aranjuez “mon amour”

Por aquellos años, a primeros de los 60, en el mes de junio… Por primera vez, en mi caso, íbamos a hacer una excursión de fin de curso (5° curso del Bachiller) los alumnos del colegio (el Centro de Instrucción Comercial de Madrid -CICI)… Y también lo hacían las alumnas del mismo Centro que se preparaban para diversas profesiones: moda, dibujo, secretariado, etcétera.

Dos autobuses, pues, partimos hacia una localidad cercana: Aranjuez… No iba a ser una excursión completa a la localidad, en el sentido que la visita da para mucho… ¡Solo el Jardín del Príncipe, dada su enorme extensión -mayor que el Retiro-, ocuparían un día entero!… Sí pudimos recorrer el Jardín de la Isla, rodeado casi en su totalidad por el Tajo, portento de buen gusto y sensibilidad.

En realidad, la visita era al Palacio de Aranjuez y sus aledaños… Palacio primaveral de la monarquía española, bien remozado por Carlos III.

Del palacio qué decir… Me referiré, como en otras ocasiones, a mis impresiones y las anécdotas que recuerdo…

En este caso, en un día luminoso, el Gabinete de Porcelana, la Sala China y la de los Espejos, adquirieron un matiz especial… He de confesar que la presencia de una joven excursionista, que había viajado en el otro autobús del Centro, dio a la visita un aire especial… Primavera y adolescencia se unían en un cóctel que por conocido, no deja de sorprendernos, estimulando esos sentimientos románticos que todos poseemos… Miradas furtivas a través de los espejos, y una complicidad que a borbotones se iba alimentando, cuanto más avanzaba la visita… Así que, ¡claro que el palacio me pareció mágico…! ¡Desde luego, lo fue el momento!… ¿Fue esa la fascinación que le produjo al maestro Rodrigo, y que le inspiró su “Concierto de Aranjuez”?… ¿o a Santiago Rusiñol su constante empeño en materializar tales bellezas en sus cuadros, esa naturaleza desbordante de sus jardines encantados?

Y encantados partimos hacia Madrid, al arrullo de los tupidos árboles que rodeaban el Tajo, en las inmediaciones de la recoleta “Rana Verde”…

P.S. ¡Solo una tarde más volví a ver a aquella joven, y como vino se diluyó entre las brumas de mis recuerdos!

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