Pena (el romántico palacio)

Transcurría el año 89 del siglo pasado, verano…

Ese año, la familia había alquilado un apartamento en Sintra (localidad muy cercana a Lisboa).

Sintra fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1995… Para mí, ya lo era… No quiero citar la estancia, pues no sé cuales fueron los designios, pero faltaba el agua varias horas al día… Lo demás, precioso, tanto las playas, como la Boca do Inferno en Cascais, y los acantilados… Una población, ya en aquella época, muy turística…

Pero voy a contar solo lo que más nos impresionó (a la familia y a mí)… Ni que decir que la visita al Palacio da Vila (siglo XIV), con sus tremendas cocinas y chimeneas cónicas era obligada… Pero el artículo se refiere en especial al Palacio da Pena y su magnífico entorno: el Parque da Pena.

El palacio se sitúa en la Serra de Sintra, en el llamado Monte de la Luna, no lejos del mar…

Tanto el Palacio como el Parque son obra de la pasión, imaginación y empeño del rey artista Fernando de Sajonia-Coburgo-Gotha, consorte de Doña María II, y constituyó desde el siglo XIX el lugar de veraneo de la realeza portuguesa.

La subida al Palacio es magistral, bucólica, interesantísima… y muy cansada… mas la cantidad de especies botánicas a admirar es inmensa: especies de todo el mundo (Asia, Oceanía y América del Norte)… En particular, de Japón, de Nueva Zelanda, cedros del Líbano y araucarias de Brasil… Un total de 2000 especies.

El Parque está salpicado de senderos, lagos, fuentes y diferentes edificaciones, como el Castelo dos Mouros, del siglo VIII, o el Convento dos Capuchos (franciscanos), con la gruta del célebre Frei Honorio de Santa María.

El Palacio pertenece al romanticismo decimonómico, y tiene hechuras neogóticas, neomanuelinas, neoislamistas y neorenacentistas.

Parece un museo del amor: el que se profesaba la pareja real, y que es patente en toda la decoración del mismo, las esculturas, las pinturas… la propia arquitectura. Nos causó impresión sobre todo: el puente levadizo; el convento interior con sus almenas y la Torre del Reloj; el Patio de los arcos moriscos; y la propia zona palaciega con su baluarte cilíndrico de gran porte.

¡No conozco de nadie que no se sintiera atraído por ese aire mágico, maravilloso que representaba tal palacio de cuento y el verdadero paraíso botánico que le rodea!

La Serra de Sintra finaliza en el Cabo da Roca, que se introduce en el océano, perdiéndose entre las olas, igual que nuestro absorto espíritu ante tal belleza…

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