La iglesia de San Andrés de Madrid ardiendo (julio del 36)

La calle Algeciras (que limita con la Ronda de Segovia) era un remanso de… ¡gamberros! Yo era uno de ellos… Menos mal que la edad nos justificaba un poco… y la falta de recursos… en unos años de posguerra en Madrid… ¡que ya se sabe!

Bueno, las andanzas eran frecuentes hacia las zonas limítrofes: el barrio de Manzanares, la Ronda de Segovia, el Paseo Imperial, el Viaducto, etcétera… Pero algunas fechorías se alejaban un tanto…

Uno de esos días, por ejemplo, nos atrevimos a entrar por una pequeña ventana a un recinto trasero, un sótano, no sé si del Seminario de Madrid… aunque, seguramente sería una dependencia del convento aledaño a la basílica de San Francisco el Grande, donde residían los monjes (creo que franciscanos)… Los pocos años no nos hacían llegar a tanto; solo la curiosidad y la aventura eran lo preferente…

Todo estaba a oscuras… un pequeño pasillo y al final una estancia… sí, iluminada por cirios… Y encima de una tarima una figura con hábitos, capucha y barba… ¡un fraile muerto! ¡Menudo susto!… ¡Todavía nos están buscando!… si hubiera habido alguien, ¡claro!…

Esa es una… otra la “expedición” a la Plaza de la Paja, la Costanilla de San Andrés… y la iglesia de San Andrés, al lado de lo que ahora es el “Museo de los Orígenes” y antes la casa de Iván de Vargas, el “jefe”, ¡digámoslo así!, de Isidro “el labrador”, el santo al que Alfonso VIII reconoció en las Navas de Tolosa… ¡Desde entonces es el Patrón de Madrid, tan santo como su esposa Santa María de la Cabeza!

El lugar y la iglesia fueron muy frecuentados por los Reyes Católicos y el mismo Felipe II… Una abigarrada historia que se acumula en la que es, prácticamente, la primera iglesia de Madrid, edificada sobre una antigua mezquita.

Como niño, no conocía nada de esto… solo nos movía la curiosidad… no robar, por supuesto, como quizás sucediera hoy día… ¡Aunque “gamberros”, éramos “muy nobles”!… Lo mismo que antes, entramos, esta vez por la misma puerta principal cerrada con tablas que, no obstante, permitían el paso a personas menudas como nosotros…

Por fuera la iglesia no tenía mal aspecto; tanto la cúpula como los muros exteriores estaban bien… ¡El desastre estaba dentro!… tablones tirados, un púlpito semiderruido, arena y suciedad por todas partes, escombros, indudablemente consecuencia de un gran incendio, y… ¡lo que más nos asustó!… una sotana llena de polvo, arena, o ¡quien sabe qué!… ¿Estaría el espíritu del cura allí?… ¡No ganábamos para sustos!… ¡Otra vez!… Y lo mismo, ¡todavía nos están buscando!…

Andando el tiempo, y no mucho… ¡lo que son los hados!… en la misma Costanilla de San Andrés estaba el colegio Hispano-francés, donde estudié primero y segundo curso de bachiller…

Un día, asomándose por la ventana que en línea recta no estaba a más de 200 o 300 metros de la iglesia de San Andrés, el propio director del centro nos dijo: ¡Qué espectáculo cuando ardió por los cuatro costados la iglesia en el 36!… ¡Y no estaba sonriente!… ¡No habían pasado ni 20 años!

Hoy en día, ¿os suena?… Una capilla y un acto religioso reventado por una manifestación de muchachas con el torso al aire y gritando: ¡Arderéis como en el treinta y seis!… ¡Qué bonita es la libertad de expresión!

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