Público y privado: dos formas de trabajo

¿Cuánto pesa la vida?

El motivo de este artículo es desmitificar la idea común de que el trabajo privado (en la “calle” es el argot del funcionariado) es más eficaz, más organizado y racional que el público (es decir, de las variadas administraciones públicas)… Claro está, lo que voy a exponer está basado en mi experiencia personal en ambos ámbitos… Evidentemente, no es un estudio estadístico, ni siquiera se pretende dar lecciones, dado su carácter parcial…

Aunque, durante un tiempo, tuve una experiencia como autónomo (regentaba una tienda de regalos)… la escasez del tiempo transcurrido en dichos menesteres no es óbice para conocer la dura situación, por su duro trabajo y condiciones, de los autónomos, es decir, los trabajadores por cuenta propia, a los que se le acumulan todo tipo de problemas tanto particulares como administrativos en relación, por ejemplo, con la Hacienda pública…

Mucha mayor experiencia ha sido la que acumulé en la Administración (militar de carrera), cubriendo varias áreas que iban desde las telecomunicaciones, al control aéreo, etcétera.

En la llamada “vida civil” (expresión utilizada en ciertos ambientes), tuve la suerte de trabajar en la antigua Marconi Española (hoy Indra)… no por mucho tiempo.

Fue en Ericsson, la compañía sueca, en una de sus numerosas compañías, donde desarrollé el grueso de mi esfuerzo… El cometido: elaboración de las diversas  propuestas para concursos en la Administración, tanto civil (control aéreo, sistemas de telecomunicaciones) en especial para la Dirección General de Aviación Civil, y la telecomunicaciones para la Defensa. Aunque parte principal lo ocupó, también, la organización de la empresa y en especial la implantación del Control de Calidad en la misma.

Por todo ello, me siento, modestamente, capaz de valorar el tipo de trabajo que se desarrolla en uno u otro de tales ámbitos, aunque, como digo, estoy hablando de grandes empresas, multinacionales, por un lado, y si puede llamarse así, la enorme empresa Estado,… eso sí, solo en el sector de la Defensa…

Mi conclusión: Las veces que tuve que elaborar o desarrollar una nueva “organización” de la empresa (compañía civil de unos 150 trabajadores), en más de una ocasión en tiempos irrisorios (una vez se cambió para tres meses), desde mi puesto de control de calidad, me hicieron añorar la organización tan precisa de la administración pública, al menos en mi sector, pues casi todo el mundo sabía lo que tenía que hacer, aunque no estaba exenta la misma de críticas de los que participaban en ella, pero que, en conjunto, era más eficaz que lo que posteriormente viví “fuera” (y hasta, así se lo hice saber a los directores de la empresa)… Claro está que la necesidad de rendir cuentas a fin de año (la rentabilidad era la razón de ser), la distinguía nítidamente de la empresa pública, no sometida a tales vaivenes… Pero, mi convicción final fue que lo público no era para sus trabajadores (funcionarios), menos satisfactorio, desorganizado ni irracional que el trabajo en el campo privado… Quizá sea eso de que en lo público la tarea no se desarrolla ni bien, ni mal, sino… ¡como hay que hacerla!

¡La satisfacción propia no está en el tipo de trabajo, sino en elegir lo que a uno le gusta, transformándolo así casi en un hobby!

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