El “esperpento” español: ¿Dónde están los hombres de estado?

La situación política española de hoy es sólo un síntoma… pero que puede desembocar en algo más serio. Situación transitoria, tal vez, pero que adquiere caracteres de tragedia, aunque con cierto tono cómico, yo diría ancestral español: el “esperpento” de Valle-Inclán.

Y es que una nación tan compleja como la española, no necesita políticos, sin más (hay demasiados), sino verdaderos “hombres de estado”, cuya ausencia se hace manifiesta en los tiempos actuales…

Son varias las circunstancias que han aportado históricamente motivos para que España se presente tan diferente a otros países occidentales de nuestro entorno. Podríamos citar: la necesidad de la abolición (en su día) del antiguo régimen; la amargura colectiva por la descomposición y pérdida de su antiguo enorme imperio (contra más grandioso, más grande es la caída); la leyenda negra magnificada por sus enemigos fue muy eficaz; la Guerra Civil, preludio de la Guerra Mundial que se avecinaba, en la que no sólo se enfrentaron entre sí españoles, sino dos fuerzas antagónicas de carácter total como el fascismo y el comunismo, quedando un país en solitario frente a las enormes potencias del bloque comunista y la masonería.

Y ya España había vivido en su pellejo diversas convulsiones no muy lejanas, como las guerras carlistas, los diversos pronunciamientos de los separatistas vascos y catalanes, o el movimiento cantonal de la Primera República.

Con acierto fue don Ramón del Valle-Inclán quien definió el alma española como “esperpéntica”. Basta citar a Max Estrella en su obra “Luces de Bohemia”: “El sentido trágico de la vida española sólo puede darse en una estética sistemáticamente deformada…”

Y es que la idea de esperpento está asociada a una percepción de Valle-Inclán acerca de la mezcla entre grandeza y grotesco que considera propia de la sociedad española: “mirar el mundo desde un plano superior y considerar a los personajes de la trama como seres inferiores al autor, con un punto de ironía”. “Este hecho es una manera muy española, manera de demiurgo, que no se cree en modo alguno hecho del mismo barro que sus muñecos”. Para Valle-Inclán, el esperpento tiene sus precedentes artísticos y estéticos en la literatura de Francisco de Quevedo y en la pintura de Francisco de Goya.

En resumen, podríamos preguntarnos si la creación esperpéntica, ¿se trata de una imagen deformada de la realidad, o se trata de la imagen de una realidad deforme?

España debe cambiar, asemejarse más a su entorno democrático… ¡Fuera sectarismos!… ¡Enterremos el hacha de guerra, sin revanchismos, ni añoranzas del pasado!… ¡Hay que pasar página! ¡Sí y sí!

Por eso, abramos los brazos al verdadero “hombre de estado”…

Y un hombre de estado:

-Es catapultado hacia el poder por su partido.

-Ya en el poder, gobierna para todos.

-Y para él, lo primero es la nación (¿No nos suena ese “first” de Trump? -Ningún modelo el personaje, quizás, pero en esto sí).

¡Que los “demonios” hispanos se escondan en sus cavernas!… ¡No seamos más el “esperpento”!

 

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