Apuntes sobre la religión (I)

Una reflexión clave: “Sobre las sensaciones en la anestesia”.

Cualquiera que haya sido sometido a una operación en la que es preciso “dormir” al paciente, habrá sentido algo similar, si no idéntico a lo que voy a relatar.

Se te pide que cuentes, al menos mentalmente, desde 100 para abajo… En mi caso no llegaba ni a 90. Y, también, en mi caso me “advino” un sopor inmediato que me hizo perder la conciencia… Y digo la conciencia, y no sumergirme en un sueño profundo…

Para mí, aquí está el “quid” de la cuestión, “no sueño sino falta de conciencia”… Yo puedo distinguirlo fácilmente, pues mis sueños suelen ser muy creativos, y si no me siento como en la vigilia, “casi”, bueno, salvando una cierta distancia… Pero en ellos, sigo siendo el protagonista de nuevas historias, aunque con menos limitaciones que en la citada vigilia. Sin embargo, mi experiencia de la anestesia es radicalmente distinta: se asemeja más a un “desaparecer”: una inclusión y desaparición en una barrera que se me antoja impenetrable… Es decir, necesito ayuda (externa), el “despertador” (anestesista) que me vuelva a la luz, a la conciencia… Y pudieran pasar horas, años, sin que me hubiera dado cuenta… Vamos, algo así como la anécdota de Fray Luis de León al volver a la Universidad de Salamanca al cabo de los años, diciendo: “Decíamos ayer…”

Bien pudiera no haber vuelto a la conciencia (todo dependería de tal “despertador”)… y hubiera “muerto”…

No fue así, gracias a Dios, pero bien podría haber sido…

¿Qué reflexiones obtengo de lo expuesto?…

Para mí, la muerte es algo así como el “choque” con esa “barrera impenetrable”… donde parece que allí todo acaba… Y digo barrera, porque por la propia “inmanencia”, fuerza interna, no puedo traspasarla… En dicho caso, ahí todo acaba… ante la “barrera impenetrable”… e igual que en aquella anestesia, no se siente nada (muy distinto a las sensaciones del sueño), es decir, “se entra” en la “nada” (“de la nada salimos y en la nada entramos” -¿Te acuerdas de esa nada anterior?… Pues, lo mismo para la siguiente).

¿Y fue tan terrible?… De ningún modo; parecería una “muerte dulce”, sin sufrimiento, sólo “amodorramiento”…

En mi opinión, esa es la “experiencia de la muerte”… no la del sueño prolongado, al que llamamos “eterno”…

Y sobre la eternidad, ya que llegamos al tema, hay mucho que decir…

Resumiendo, desde esta perspectiva, la vida es un “estar” en “este lado de la barrera”… Así que, si queremos asignar algún tipo de vida (espiritual, contemplativa, etcétera) al supuesto “otro lado de la barrera”, la citada barrera supone una “desconexión total” de ambos lados… Yo diría que este lado de la barrera es la vida propia (realidad)… el otro, pura especulación, en la que cualquier imaginativa posibilidad solo puede ser construida con la fe…

Y si, teniendo en cuenta, a partir de los fundamentos relativistas físicos, que el tiempo es una nueva dimensión, que  se creó en el mismo Big Bang, junto con la energía y el espacio (con las mismas vicisitudes, pues, que el propio universo, probablemente finito con una creación y una destrucción), nada mejor que recurrir a la transposición entre tiempo y espacio en el interior de un agujero negro, el universo de los sucesos o acontecimientos que incluye a todas nuestras vidas, es algo único e insustituible en la totalidad del mundo… ¡Tu vida es única e insustituible! Y desde ese punto de vista tu vida está presente, siempre (un concepto ya fuera del tiempo) en el universo, en la realidad que te tocó vivir y que nadie ni nada puede arrebatar…

Y este “siempre” es una especie de presente, asemejado a una “eternidad” sin tiempo, porque la única eternidad verdadera es la del “es”, el presente.

Esa otra eternidad de la que hablan las religiones, está “apalancada” en el antiguo “tiempo absoluto” de la física newtoniana, algo superado por la Relatividad… y con ello esa eternidad así contemplada.

Y tal cambio es trascendente en cuanto al propio sentimiento religioso, que será abordado en el próximo artículo.

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