La tierra de Calatrava y sus volcanes extintos

Nuevamente vuelvo a escribir sobre impresiones que antaño fueron objeto de sentimientos ciertamente vívidos.

Esta vez corría el año 1985, y una de mis obligaciones era inspeccionar y controlar la serie de estaciones de telecomunicaciones (MW) que pertenecían a mi jurisdicción. Este es el motivo, pero fue la sensación del entorno que encontré en la visita la que perduró en mí.

Nos dirigimos en un Land Rover hacia el sur de la capital madrileña, hacia las tierra de Calatrava cuya abigarrada historia se confundía con los hechos acaecidos en los años de la Edad Media como tierra fronteriza entre cristianos y moros en la Reconquista. El castillo semiderruido de Calatrava (ver imagen) así lo atestigua, como la Orden de Calatrava afianzada en estos lares.

Pero no fueron los monumentos quienes llamaron mi atención preferente, sino los pequeños montículos que se divisaban a lo largo del paisaje.

En un descanso, allá por Alcolea de Calatrava, quise ascender a uno de ellos… y mi sorpresa fue que era un cono volcánico que en su interior albergaba una laguna, que era visitada esporádicamente por aves migratorias (patos, cigüeñas, etcétera), en sus azarosos viajes. A tales volcanes o cerros volcánicos, pertenecientes al mioceno, los habitantes del lugar los llaman “cabezos” y, por cierto, “negrizales” a los campos de lapilli descompuesto, muy actos para el cultivo. (En el cabezo de Alarcos se dio la gran batalla en la que Almanzor derrotó a Alfonso VIII).

Tuve una sensación agradable al alcanzar los bordes del cráter que en realidad no ascendía más de los cien metros… A su alrededor, bajando la ladera hacia la llanura algún que otro conejo nos acompañaba… Esta Mancha de Ciudad Real guardaba un encanto que nunca había adivinado…

Posteriormente, reanudando el viaje hacia el sur, llegamos a Puertollano, una verdadera ciudad muy animada, con su “Concha de la Música” o la “Fuente Agria” de aguas terapéuticas, dentro de su templete.

No hacíamos turismo, por eso no recorrimos la ciudad como así lo merecía, pero la sensación que nos causó, sobre todo a mí, fue ciertamente aleccionadora…

En conjunto, un bonito viaje que junto a la compañía (el equipo técnico que me acompañaba) alegró unas jornadas de trabajo, que también se convertirían en un alegre recuerdo en el futuro.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s