¡Qué frágil es la democracia…!

Es indudable que la alternancia en el poder “cura” muchos de los vicios que la clase dirigente va acumulando con el tiempo en el desempeño de su labor de gestión… Pero conocemos de sobra las trabas, trucos y demás malas artes utilizadas por los políticos “de carrera” para tergiversar en lo posible esta premisa, sobre todo con el “voto cautivo” basado en subsidios y ayudas. Lo cierto es que estamos más que acostumbrados a ver ejemplos nada satisfactorios de tales prácticas en no pocos países… De forma que los supuestos beneficios de la democracia se ven muy adulterados… y desembocan, tristemente, y no pocas veces, en la implantación de sistemas políticos con matices totalitarios, verdaderas dictaduras de hecho, con un manto o barniz superficial de ficticia democracia, que prácticamente se reduce a esporádicos plebiscitos o votaciones teledirigidas por los medios afines…

Por todo ello, no es nada curioso, sino hasta corriente que regímenes totalitarios hayan podido imponerse, precisamente partiendo de sociedades que anteriormente sí eran democráticas…. Los ascensos del nazismo, el chavismo, etcétera, son una prueba palpable de ello… y siempre se pregonaba: ¡cómo va a ser posible en este país!… Lo fue y lo seguirá siendo en países que no vigilan esas “puertas falsas” de entrada de ideologías perversas, donde el individuo es barrido irremisiblemente por la comunidad…

Se me antoja que en estos casos, a las sociedades que padecen tales regímenes, les resulta muy difícil, casi imposible, deshacerse de tal enfermedad, una vez que se han copado todos los resortes del poder… Y aquí, como a la pandemia a la que estamos sometidos, hay que extirparla de raíz… y me atrevo a afirmar, que si los propios países, las sociedades, no pueden hacerlo por sí mismas, es decir, librarse de tal ponzoña, por solidaridad entre sociedades vecinas, ante el peligro de la expansión de tal “peste”, estas últimas deberían “tomar cartas en el asunto”… Así, la pertenencia a bloques supranacionales debería de tener la suficiente solvencia para poder atajar peligros, que como los virus, contagien a sus naciones vecinas… De forma que, eso espero, una entidad política como la Unión Europea será capaz de corregir las tendencias hacia el autoritarismo de algunas de las naciones de su Club… pero eso no quita que los propios componentes de cada sociedad, internamente, se opongan con rotundidad a tales desvaríos.. Y una forma de ello, si es necesario, es “desobedecer” consignas que claramente van dirigidas en el sentido apuntado, pues los problemas son menos al principio que cuando han crecido desmesuradamente (la laxitud y falta de compromiso de las democracias occidentales, fueron el acicate del caudillo nazi para lanzarse a la conquista del mundo)… ¡Mejor antes que después!

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